Short daily meditations about God, Religion and life... enjoy it! Meditaciones cortas y directas sobre Dios, religion y vida.. disfrutelas!
Tuesday, July 8, 2025
Cosecha
Monday, July 7, 2025
Dormida
Evangelio
Mateo 9, 18-26
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se le acercó un jefe de la sinagoga, se postró ante él y le dijo: “Señor, mi hija acaba de morir; pero ven tú a imponerle las manos y volverá a vivir”.
Jesús se levantó y lo siguió, acompañado de sus discípulos. Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orilla del manto, pues pensaba: “Con sólo tocar su manto, me curaré”. Jesús, volviéndose, la miró y le dijo: “Hija, ten confianza; tu fe te ha curado”. Y en aquel mismo instante quedó curada la mujer.
Cuando llegó a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús a los flautistas, y el tumulto de la gente y les dijo: “Retírense de aquí. La niña no está muerta; está dormida”. Y todos se burlaron de él. En cuanto hicieron salir a la gente, entró Jesús, tomó a la niña de la mano y ésta se levantó. La noticia se difundió por toda aquella región.
Meditacion:
En el evangelio de hoy, Mateo nos narra dos milagros de Jesús, intercalados el uno en el otro: un hombre le pide que devuelva la vida a su hija que acaba de fallecer, y una mujer queda curada con sólo tocar la orla de su manto. Aunque ambos se consideran indignos de recibir la gracia de Jesús, confían en su poder. El hombre que se pone de rodillas y la mujer que se tumba sigilosamente para tocar el manto de Jesús sin ser vista, no entienden el poder del Señor como “dynamis”, fuerza o violencia, sino como “exousía”, el poder de la liberación y sanación, que utiliza no para dominar, sino para curar.
Nunca creas que no eres digno. Dios siempre actúa porque te ama a pesar de tu miseria y, si hace falta, escribe con renglones torcidos. Acércate y déjate sanar por Él.
Saturday, July 5, 2025
Vino nuevo
Evangelio
Friday, July 4, 2025
Misericordia
Evangelio
Thursday, July 3, 2025
Santo Tomas
Evangelio
Juan 20, 24-29
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré".
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Luego le dijo a Tomás: "Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano; métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree". Tomás le respondió: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús añadió: "Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto".
Meditacion:
Tomás, el incrédulo, hizo una profesión de fe que es el punto central de la fe católica: Jesús es Señor y Dios. Dos naturalezas y una sola persona divina. Precisamente estamos recordando en este año el Concilio de Nicea y al profesar la fe repetimos el Credo que salió de aquel primer Concilio Ecuménico.
En la Plegaria Eucarística III del ordinario de la Misa leemos: Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.
Es cierto que el Sacrificio se realiza en cada segundo. De este a oeste y de norte a sur. Desde donde sale el sol hasta el ocaso. En todos los meridianos y el todas las latitudes hay un sacerdote católico celebrando una Eucaristía. Así que el Sacrificio de Jesucristo en la Cruz es actual permanentemente. Una sangre derramada que no cesa de derramarse… Y un misterio que queda fuera de nuestro tiempo y nuestro espacio y al mismo tiempo está presente. Dios en su gloria, pura alegría y puro amor, casi aterradores en su intensidad, está también destrozado y entregado en la Cruz cada vez que celebramos la Eucaristía. Incomprensible y misterioso pero real.
No dejemos de asombrarnos. En nuestra fe todo es asombroso. Repetiremos lo mismo, día tras día, domingo tras domingo pero pidamos la gracia de renovar la emoción y el sobrecogimiento de Tomás al ver y tocar al Resucitado. De alimentarnos de Él y de agradecer el don de su Cuerpo y de su Sangre que nos hace hermanos, que nos hace Iglesia.
Wednesday, July 2, 2025
Santo de Dios
Evangelio
Mateo 8, 28-34
En aquel tiempo, cuando Jesús desembarcó en la otra orilla del lago, en tierra de los gadarenos, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y fueron a su encuentro. Eran tan feroces, que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. Los endemoniados le gritaron a Jesús: "¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Acaso has venido hasta aquí para atormentarnos antes del tiempo señalado?"
No lejos de ahí había una numerosa piara de cerdos que estaban comiendo. Los demonios le suplicaron a Jesús: "Si vienes a echarnos fuera, mándanos entrar en esos cerdos". El les respondió: "Está bien".
Entonces los demonios salieron de los hombres, se metieron en los cerdos y toda la piara se precipitó en el lago por un despeñadero y los cerdos se ahogaron.
Los que cuidaban los cerdos huyeron hacia la ciudad a dar parte de todos aquellos acontecimientos y de lo sucedido a los endemoniados. Entonces salió toda la gente de la ciudad al encuentro de Jesús, y al verlo, le suplicaron que se fuera de su territorio.
Meditacion:
Jesús guardó durante un tiempo lo que se conoce como secreto mesiánico y solo
se declarará Mesías al aproximarse la Pasión.
Pero quienes si lo reconocen antes como el “Santo de Dios” son, precisamente los demonios que atormentaban en extremo a dos vecinos y aterrorizaban a toda la población.
Los exorcistas advierten de que, en caso de posesíón (real o imaginada) nunca se debe dialogar con los demonios. Jesús si lo hace y les concede una petición extraña: introducirse en una enorme piara de cerdos y arrojarse al mar. El evangelista no explica por qué ni para qué. Y así nos quedamos.
Pero tal vez el mensaje es que existen demonios, que odian a Cristo y a los hombres y que hay que defenderse de su asechanzas. Es el misterio del poder del mal, muy real y eficaz pero impotente ante Dios que es el bien absoluto. Nuestro escudo frente a las asechanzas del demonio es Jesucristo que fue tentado y le derrotó. Cuando sintamos tentación y sospechemos que detrás hay algo demoníaco, sigamos los consejos de quienes conocen el tema: cosas sencillas y poderosas como la señal de la cruz y la invocación a María, porque su presencia es insoportable para Satanás y en fin, como nos enseñó Jesucristo en el Padrenuestro, pidamos: “Líbranos del mal”.
Tuesday, July 1, 2025
Tempestad
Evangelio
Mateo 8, 23-27
En aquel tiempo, Jesús subió a una barca junto con sus discípulos. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan fuerte, que las olas cubrían la barca; pero él estaba dormido. Los discípulos lo despertaron, diciéndole: “Señor, ¡sálvanos, que perecemos!”
Él les respondió: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?” Entonces se levantó, dio una orden terminante a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Y aquellos hombres, maravillados, decían: “¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen?”.
Meditacion:
Él dormía… mientras rugía el viento, el agua entraba en tromba sobre la barca y los discípulos gritaban para hacerse oír o de puro miedo. Es una imagen potente para ilustrar lo que en muchos momentos de la historia ha sido el mundo y la misma vida de la Iglesia.
Ahora mismo, en este presente, estamos en plena tempestad, con crisis en todos los órdenes dentro y fuera de la Iglesia militante. Aunque los medios de comunicación convencionales y los nuevos que transitan por las redes sean en buena medida difusores de falsedades o de medias verdades o sencillamente oculten hechos, la impresión es que en todas partes reina la violencia, la mentira, el enfrentamiento, la división, la corrupción, el derrumbamiento moral y una especie de estupidez o aturdimiento. Los diálogos por la paz paracen callejones sin salida. Los odios entre pueblos permanecen y aumentan También contra la Iglesia. También dentro de la misma Iglesia.
Imagino a Pedro y a los demás estupefactos y exasperados ante las primeras palabras del Maestro. Tal vez hubieran querido responder a gritos: ¡Cómo que de qué tenemos miedo! ¡¿Es que no lo ves?! Pero guardan silencio porque las palabras del Señor terminan en reproche: hombres de poca fe.
Al instante se calmaron las aguas y llega el asombro porque presencian el increíble poder de un hombre al que obedecen los elementos.
Siguen ocurriendo prodigios en el mundo: actos de heroísmo, curaciones, conversiones, salvación milagrosa, el bien venciendo al mal, perdón, arrepentimiento… No es esta una época peor que otras muchas a lo largo de la historia. Ni somos muy distintos de aquellos discípulos.
No podemos tener miedo si permanecemos en la fe. Fe, decía el catecismo, es creer lo que no vemos. No vemos aquí y ahora el triunfo definitivo del bien, la verdad y la belleza. Solo lo presentimos y hasta lo experimentamos por momentos.
Mientras aguardamos el triunfo pongamos por nuestra parte la fe y las obras. Seamos constructores de paz en lo cotidiano, doméstico, familiar. Con los cercanos y los más alejados. Esforcémonos más en ser fieles a la oración y en intentar que nuestra vida sea una vida santa: esto es lo que propone Teresa de Jesús cuando constata que “estáse el mundo ardiendo”
Generacion
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