Saturday, September 6, 2025

Sabado

Evangelio

Lucas 6, 1-5

Un sábado, Jesús iba atravesando unos sembrados y sus discípulos arrancaban espigas al pasar, las restregaban entre las manos y se comían los granos. Entonces unos fariseos les dijeron: “¿Por qué hacen lo que está prohibido hacer en sábado?”

Jesús les respondió: “¿Acaso no han leído lo que hizo David una vez que tenían hambre él y sus hombres? Entró en el templo y tomando los panes sagrados, que sólo los sacerdotes podían comer, comió de ellos y les dio también a sus hombres”.

Y añadió: “El Hijo del hombre también es dueño del sábado”



Meditacion:

Los discípulos tienen hambre. Es una necesidad bien simple. Muy material. Pero absolutamente necesaria para la vida. Sin comida no hay vida. Así de sencillo. Frente a esa urgencia no hay norma que valga.

Pero los fariseos están en otra onda. Para empezar, probablemente ellos no sentían hambre. Desde esa posición, más cómoda que la de los que tienen hambre, miran y juzgan a los discípulos que se están saltando las normas. Porque en sábado no está permitido trabajar y parece ser que en sus precisiones rigoristas de la ley, frotar las espigas para sacar el grano limpio y comerlo ya era trabajar. De ahí a la condena por incumplir la ley no va nada.

Esto pasaba en tiempos de Jesús pero, seamos realistas, no hace mucho –uno o dos siglos– los párrocos del mundo rural perseguían y acusaban a los labradores que en domingo iban a cuidar sus campos. Daba lo mismo que la cosecha se perdiera y que el hambre amenazase a la familia. Lo importante era cumplir la ley de “santificar las fiestas”.

Menos mal que Jesús tiene claro que las normas están para servir al hombre y no al revés. Menos mal que Jesús sabe que en el reino lo más importante, lo más urgente, lo más espiritual, es atender la necesidad del hermano que tiene hambre. A todos los que se sienten encantados de refugiarse en la mística, en la contemplación pura, en el silencio meditativo, conviene recordarle que no hay nada más espiritual que el pan que necesita mi hermano para satisfacer su hambre.

 

Friday, September 5, 2025

Vino nuevo


 Evangelio

Lucas 5, 33-39

En aquel tiempo, los fariseos y los escribas le preguntaron a Jesús: "¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oración, igual que los discípulos de los fariseos, y los tuyos, en cambio, comen y beben?"

Jesús les contestó: "¿Acaso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos? Vendrá un día en que les quiten al esposo, y entonces sí ayunarán".

Les dijo también una parábola: "Nadie rompe un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque echa a perder el nuevo, y al vestido viejo no le queda el remiendo del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder. El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos y así se conservan el vino y los odres. Y nadie, acabando de beber un vino añejo, acepta uno nuevo, pues dice: 'El añejo es mejor' ".



Meditacion:

La pregunta sobre el propio destino está muy viva en el corazón del hombre. Es una pregunta grande, difícil, y sin embargo, decisiva: "¿Qué será de mí mañana?". Existe el riesgo de que respuestas equivocadas conduzcan a formas de fatalismo, de desesperación, o también de orgullosa y ciega seguridad. (…) En la Carta a los Colosenses encontramos que la verdad de la "predestinación" en Cristo está estrechamente ligada con la verdad de la "creación en Cristo". "Él —escribe el Apóstol— es la imagen de Dios invisible, primogénito de toda creatura; porque en él fueron creadas todas las cosas..." (Col 1, 15-16). Así pues, el mundo creado en Cristo, Hijo eterno, desde el principio lleva en sí, como primer don de la Providencia, la llamada, más aún, la prenda de la predestinación en Cristo, al que se une, como cumplimiento de la salvación escatológica definitiva, y antes que nada del hombre, fin del mundo. (…) Comprendemos así otro aspecto fundamental de la Divina Providencia: su finalidad salvífica. Dios de hecho "quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2, 4). En esta perspectiva, es preciso ensanchar cierta concepción naturalística de la Providencia, limitada al buen gobierno de la naturaleza física o incluso del comportamiento moral natural. En realidad, la Providencia Divina se manifiesta en la consecución de las finalidades que corresponden al plan eterno de la salvación

Thursday, September 4, 2025

Pescadores


 Evangelio

Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar". Simón replicó: "Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra echaré las redes". Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: "¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!" Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro, al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Entonces Jesús le dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres". Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron.



Meditacion:

Unos cuantos de los discípulos de Jesús eran pescadores en el mar de Galilea. Es un lago grande pero que también tiene auténticas tormentas que, es de suponer, ponían en peligro las barquillas que en aquellos tiempos podían usar los pescadores. Allí habían estado toda la noche bregando y no habían conseguido nada. Pero a la indicación de Jesús, volvieron a echar las redes.

Sin duda, que el evangelista nos está hablando de otras redes y otra pesca. Sin duda, que está hablando del trabajo de los misioneros, de los que después de la resurrección fueron, y van, por los caminos del mundo anunciando con sus palabras y con sus hechos, el reino. No siempre se pesca. Ni siquiera siempre consiguen que les escuchen (así le sucedió a Pablo en Atenas, Hechos 17,16-34). Pero ellos no cejan porque se sienten llamados a esa misión: anunciar el reino de Dios, el amor y la misericordia de Dios para todos los hombres y mujeres, sin excepción, sin excluir a nadie. Y siguen echando la red, anunciando el reino, en el nombre de Jesús.

Pero misioneros no son solo los que van a países lejanos, dejando su tierra. Misioneros somos todos porque todos estamos llamados a dar testimonio del Dios de Jesús. También aquí y ahora, en nuestras oficinas, en nuestras familias, con los vecinos y amigos. A veces será sin palabras, solo con nuestra forma de actuar como personas honestas y siempre atentas a las necesidades de los demás. Como Dios mismo haría en nuestro lugar.

Wednesday, September 3, 2025

Curandose


 Evangelio

Lucas 4, 38-44

En aquel tiempo, Jesús salió de la sinagoga y entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron a Jesús que hiciera algo por ella. Jesús, de pie junto a ella, mandó con energía a la fiebre, y la fiebre desapareció. Ella se levantó enseguida y se puso a servirles.

Al meterse el sol, todos los que tenían enfermos se los llevaron a Jesús y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los fue curando de sus enfermedades. De muchos de ellos salían también demonios que gritaban: "¡Tú eres el Hijo de Dios!" Pero él les ordenaba enérgicamente que se callaran, porque sabían que él era el Mesías.

Al día siguiente se fue a un lugar solitario y la gente lo andaba buscando. Cuando lo encontraron, quisieron retenerlo, para que no se alejara de ellos; pero él les dijo: "También tengo que anunciarles el Reino de Dios a las otras ciudades, pues para eso he sido enviado". Y se fue a predicar en las sinagogas de Judea.



Meditacion:

Hoy el Evangelio nos presenta a Jesús que, después de haber predicado el sábado en la sinagoga de Cafarnaúm, curó a muchos enfermos, comenzando por la suegra de Simón. Al entrar en su casa, la encontró en la cama con fiebre e, inmediatamente, tomándola de la mano, la curó e hizo que se levantara. Después de la puesta del sol, curó a una multitud de personas afectadas por todo tipo de enfermedades. (…) Jesús no deja lugar a dudas: Dios —cuyo rostro él mismo nos ha revelado— es el Dios de la vida, que nos libra de todo mal. Los signos de este poder suyo de amor son las curaciones que realiza: así demuestra que el reino de Dios está cerca, devolviendo a hombres y mujeres la plena integridad de espíritu y cuerpo. Digo que estas curaciones son signos: no se quedan en sí mismas, sino que guían hacia el mensaje de Cristo, nos guían hacia Dios y nos dan a entender que la verdadera y más profunda enfermedad del hombre es la ausencia de Dios, de la fuente de verdad y de amor. Y sólo la reconciliación con Dios puede darnos la verdadera curación, la verdadera vida, porque una vida sin amor y sin verdad no sería vida. El reino de Dios es precisamente la presencia de la verdad y del amor; y así es curación en la profundidad de nuestro ser

Curandonos


 Evangelio

Lucas 4, 38-44

En aquel tiempo, Jesús salió de la sinagoga y entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron a Jesús que hiciera algo por ella. Jesús, de pie junto a ella, mandó con energía a la fiebre, y la fiebre desapareció. Ella se levantó enseguida y se puso a servirles.

Al meterse el sol, todos los que tenían enfermos se los llevaron a Jesús y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los fue curando de sus enfermedades. De muchos de ellos salían también demonios que gritaban: "¡Tú eres el Hijo de Dios!" Pero él les ordenaba enérgicamente que se callaran, porque sabían que él era el Mesías.

Al día siguiente se fue a un lugar solitario y la gente lo andaba buscando. Cuando lo encontraron, quisieron retenerlo, para que no se alejara de ellos; pero él les dijo: "También tengo que anunciarles el Reino de Dios a las otras ciudades, pues para eso he sido enviado". Y se fue a predicar en las sinagogas de Judea.



Meditacion:

Hoy el Evangelio nos presenta a Jesús que, después de haber predicado el sábado en la sinagoga de Cafarnaúm, curó a muchos enfermos, comenzando por la suegra de Simón. Al entrar en su casa, la encontró en la cama con fiebre e, inmediatamente, tomándola de la mano, la curó e hizo que se levantara. Después de la puesta del sol, curó a una multitud de personas afectadas por todo tipo de enfermedades. (…) Jesús no deja lugar a dudas: Dios —cuyo rostro él mismo nos ha revelado— es el Dios de la vida, que nos libra de todo mal. Los signos de este poder suyo de amor son las curaciones que realiza: así demuestra que el reino de Dios está cerca, devolviendo a hombres y mujeres la plena integridad de espíritu y cuerpo. Digo que estas curaciones son signos: no se quedan en sí mismas, sino que guían hacia el mensaje de Cristo, nos guían hacia Dios y nos dan a entender que la verdadera y más profunda enfermedad del hombre es la ausencia de Dios, de la fuente de verdad y de amor. Y sólo la reconciliación con Dios puede darnos la verdadera curación, la verdadera vida, porque una vida sin amor y sin verdad no sería vida. El reino de Dios es precisamente la presencia de la verdad y del amor; y así es curación en la profundidad de nuestro ser

Tuesday, September 2, 2025

Endemoniado


 Evangelio

Lucas 4, 31-37

En aquel tiempo, Jesús fue a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Todos estaban asombrados de sus enseñanzas, porque hablaba con autoridad.

Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo y se puso a gritar muy fuerte: "¡Déjanos! ¿Por qué te metes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé que tú eres el Santo de Dios".

Pero Jesús le ordenó: "Cállate y sal de ese hombre". Entonces el demonio tiró al hombre por tierra, en medio de la gente, y salió de él sin hacerle daño. Todos se espantaron y se decían unos a otros: "¿Qué tendrá su palabra? Porque da órdenes con autoridad y fuerza a los espíritus inmundos y éstos se salen". Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.



Meditacion:

Entonces, ¿qué es lo que ven diferente en Jesús? Aquí se nos puede venir a la memoria aquello que dice el mismo Jesús en otra parte: “Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20,28). Y así podemos entender mejor cómo ejercía la autoridad Jesús: no como el que domina y oprime, sino como el que sirve, atiende, cuida y libera. Eso fue lo que sorprendió a los oyentes de Jesús. Lo más seguro es que era la primera vez en su vida que veían a alguien que tenía autoridad pero que la utilizaba para servir, para liberar, para crear esperanza, para ayudar a las personas a crecer.

El primer ejemplo está en el hombre poseído por el demonio inmundo. Hasta éste reconoce esa diferente manera de ejercer la autoridad. Y no tiene más remedio que salir corriendo. Como no podía ser de otro modo, la noticia iba de boca en boca por toda la comarca: “Hay un hombre diferente. Habla de Dios pero no para oprimir sino para liberar.”

Con el ejemplo de Jesús ya tenemos suficiente los cristianos para saber cómo tenemos que ejercer nuestra autoridad: no como el que impone sino como el que sirve. Hasta dar la vida, como hizo Jesús

Monday, September 1, 2025

No es este el hijo??


 Evangelio

Lucas 4, 16-30

En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: "Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura, que ustedes acaban de oír".

Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios, y se preguntaban: "¿No es éste el hijo de José?"

Jesús les dijo: "Seguramente me dirán aquel refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo, y haz aquí, en tu propia tierra, todos esos prodigios que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm' ".



Meditacion:

Está claro que Jesús sabe lo que hace y lo que quiere hacer de su vida. Está claro cuando el evangelista pone en sus labios el texto del profeta Isaías y hace que Jesús lo comente con lo que podríamos decir que es la homilía más corta de la historia: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

Los que no lo tienen nada claro son los que le escuchan. Ciertamente se admiran de lo que dice Jesús. Lo aprueban y se alegran. Pero luego van a lo suyo. Es decir, quieren arrimar el ascua a su sardina, como, de alguna manera, queremos hacer todos. Dicho en otras palabras, quieren un profeta que anuncie la palabra de Dios pero que también, sobre todo, les solucione los problemas prácticos: que cure a los enfermos del pueblo como ha hecho en otras partes, que mejore las cosechas, etc. Y como Jesús no va por esos caminos, terminan por desautorizarle. No puede ser profeta porque no nos cura, porque no soluciona nuestros problemas. Esa es la verdadera razón del rechazo. Pero lo que dicen no es eso sino que Jesús no puede ser profeta porque es el “hijo de José”, porque le conocen de toda la vida, porque ya saben de sus manías y las de su familia, etc.

Pasa que los habitantes de Nazaret, quizá como nosotros mismos tantas veces, no buscamos a un Dios que nos abra camino de esperanza, que nos acompañe en el esfuerzo por crecer como personas libres y responsables. Preferimos un Dios que nos ayude a aprobar los exámenes, que nos cure de nuestros males, que nos solucione los problemas prácticos que nos encontramos en el día a día (¿no es eso lo que tantas veces llevamos a la oración y pedimos a Dios?). Preferimos un Dios al que podamos manipular, que sirva a nuestros intereses a corto plazo, que nos haga los favores que queremos que nos haga. Pero nada más. Luego preferimos que no moleste, que nos deje vivir nuestra vida sin darnos la vara.

El Dios de Jesús no es así. Es libre y nos enseña a ser libres. Nos quiere ayudar a crecer como personas, a hacernos responsables de nuestras vidas, a lidiar como adultos con nuestros problemas

Generacion

Evangelio Lucas 7, 31-35 En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se p...