Wednesday, April 8, 2026

Peregrinos


 Evangelio

Lucas 24, 13-35

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: "¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?"

Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?" Él les preguntó: "¿Qué cosa?" Ellos le respondieron: "Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron".

Entonces Jesús les dijo: "¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?" Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.

Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!"

Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón". Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.



Meditacion:

Algunos textos proféticos se ajustan tanto, hasta el detalle, a lo que vivió Jesús, que hay que admitir en ellos algo extraordinario que con nadie mas se ha dado en la historia. En algunas civilizaciones o culturas existen anuncios proféticos, intuiciones o mitos acerca de dioses o reyes. El caso de la Biblia es único por la abundancia y la precisión con que en el Antiguo Testamento se describe lo referido a Jesús

En los Salmos es Cristo mismo quien habla. Cuando el salmista clama desde el dolor, se revela como la voz de Jesús en la cruz o en el Huerto de Getsemaní. En la alabaza, Jesús, aunque sin pecado, carga con las culpas de la humanidad y las presenta ante Dios…

El camino de los de Emaus con el Maestro Resucitado es un modelo de Catequesis. De alguna manera lo recorremos una y otra vez muchos bautizados. Es un camino de aprendizaje, de conocimiento y de reconocimiento gozoso al partir el pan.

Un relato muy hermoso que invita a entrar en el Misterio más sobrecogedor: la presencia de Dios en el pan y el vino, renovando en todo tiempo y en todo lugar el sacrificio redentor de Cristo en la Cruz. Quédate con nosotros, la tarde está cayendo…  Limpia en lo más hondo del corazón del hombre tu imagen empañada por la culpa.


Tuesday, April 7, 2026

Maria Magdalena y Jesus


 Evangelio

Juan 20, 11-18

El día de la resurrección, María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: "¿Por qué estás llorando, mujer?" Ella les contestó: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto".

Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: "Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?" Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: "Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto". Jesús le dijo: "¡María!" Ella se volvió y exclamó: "¡Rabuní!", que en hebreo significa 'maestro'. Jesús le dijo: "Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios' ".

María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.



Meditacion:

María Magdalena llora ante el sepulcro vacío. Confunde a Jesús con el hortelano hasta que Él la llama por su nombre. Es el evangelio de la intimidad. Una intimidad que no necesita de grandes discursos. Una palabra, un gesto… -María, -Rabbuni. Y basta.

Según algunos especialistas, la forma Rabbuni indica algo más de respeto, admiración, intimidad o afecto que Rabbi. Rabbuni indica una  especie de sufijo como super. Este diálogo escueto con el Resucitado está cargado de contenido. Es una relación personal de Magdalena con el Señor Jesús: el Verbo Encarnado. Alguien que es más que un maestro.

Decía Santa Teresa que orar es tratar de amistad con Quien sabemos nos ama y entre las jaculatorias dirigidas al Corazón de Jesús se cuenta esta: Señor haz que mi corazón se asemeje al tuyo. Se me ocurre que tanto ama Dios a los hombres que inventó la forma de tener un corazón humano… para asemejarse a esas criaturas hechas a su semejanza o mejor, para restablecer aquella primera semejanza.  La fe cristiana tiene estas cosas tan asombrosas que hacen reir. Pedirle a Dios que nos de un corazón semejante al suyo es pedirle que realice lo prometido en el profeta Ezequiel: que arranque el corazón de piedra y nos de un corazón de carne.

La intimidad de Jesús con los suyos lejos de cerrarse en sí, los impulsa a anunciarla. Es más: nos obliga a difundirla. Y así, Magdalena obedece y lleva el mensaje a los discípulos para que se reunan en Galilea. Y así, para la historia de la Iglesia, María Magdalena se gana el título de “Apostola”, la primera en anunciar el triunfo de la Cruz. Y así los que hemos creído tenemos que comunicar la buena noticia a todos.


Monday, April 6, 2026

Vayan a Galilea

Evangelio

Mateo 28, 8-15

Después de escuchar las palabras del ángel, las mujeres se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: "No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán".

Mientras las mujeres iban de camino, algunos soldados de la guardia fueron a la ciudad y dieron parte a los sumos sacerdotes de todo lo ocurrido. Éstos se reunieron con los ancianos, y juntos acordaron dar una fuerte suma de dinero a los soldados, con estas instrucciones: "Digan: 'Durante la noche, estando nosotros dormidos, llegaron sus discípulos y se robaron el cuerpo'. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos arreglaremos con él y les evitaremos cualquier complicación".

Ellos tomaron el dinero y actuaron conforme a las instrucciones recibidas. Esta versión de los soldados se ha ido difundiendo entre los judíos hasta el día de hoy.



Meditacion:

Iniciamos la Octava de Pascua con el sentimiento de gozo y esperanza de la Vigilia Pascual. Durante toda la semana las lecturas remiten al Acontecimiento que sostiene la fe de millones de personas en la tierra. Una fe común, Jesucristo ha resucitado, y muchos matices y sensibilidades para la alegría y la respuesta.

Pedro, cincuenta días después, en Pentecostés, fortalecido por el Espíritu Santo y rodeado de los once, afirma rotundamente que la resurrección es el cumplimiento final del pacto davídico.  La vinculación de Jesús con la estirpe, que establece Pedro, utiliza una lógica jurídica y profética. David no es un simple dato genealógico, sino la piedra angular que sostiene la legitimidad de Jesús como el Mesías prometido. Parece, según el libro de los Hechos, que muchos creyeron al oirle. Y muchos, a través de los siglos,  también creímos.

Pedro fue testigo del sepulcro vacío pero las mujeres, al amanecer del tercer día, vieron y escucharon al mismo Jesús y recibieron su encargo: decid a mis hermanos que vayan a Galilea. ¡Jesús vive, ha vencido a la muerte!

Mateo relata que el hecho portentoso fue negado y combatido desde aquel momento. Y así sigue ocurriéndo. El primer intento de ocultarlo, de evitar que la noticia se difundiera, fue el de los mismos que habían procurado la condena. Sería un escándalo y una verguenza para aquellos principales de la sociedad judía y un riesgo  de muerte para los soldados romanos que custodiaron el sepulcro. ¿Y si alguno de los que nos decimos cristianos estuviéramos ocultando la verdad por miedo?

Porque la fe es un riesgo y proclamar la verdad resulta, en el mejor de los casos, bastante incómodo.

Deberíamos, a lo mejor, conocer y denunciar los ataques a la fe cristiana en y, según nuestras posibilidades, ayudar a las víctimas de la persecución religiosa que se da en nuestro tiempo con más intensidad que nunca.


 

Saturday, April 4, 2026

Sabado Santo

Sabado Santo:

Es tiempo para el silencio. La muerte nos deja sin palabras y la falta de ruido es posible que nos abra un hueco en la cabeza para pensar y reflexionar en lo sucedido. Ahí está la realidad: Jesús ha muerto solo. Prácticamente todos los que le seguían han salido corriendo. Nadie ha levantado una mano para defenderle. Sus palabras sobre el Reino se han quedado casi perdidas en la lontananza del tiempo y, sobre todo, de los últimos acontecimientos. Es tiempo para la desolación.

Es tiempo para mirar a nuestro alrededor. En este mundo, en nuestra vida, suceden cosas maravillosas. Pero también está presente la muerte, el dolor, el abandono. Basta con atender un poco a los medios de comunicación. ¡Cuántas muertes sin sentido! ¡Cuánto dolor gratuito! ¡Cuánta injusticia! ¡Cuántas vidas a las que la pobreza, la marginación, la enfermedad, la depresión, quedan sin sentido, sin vida!

Es tiempo para el silencio. Es tiempo para levantar los ojos y descubrir el vacío. La cruz está vacía. Solo quedan la fe y la esperanza desnudas. La fe y la esperanza como opciones casi en el vacío. Como lo tuvo que vivir y experimentar el mismo Jesús en la cruz. La fe es mantener los ojos abiertos ante esa realidad tan dura. Y seguir manteniéndolos abiertos. Por mucho que por dentro nos brote el deseo de cerrarlos y trasladarnos con la mente a vivir en un mundo más feliz, un mundo sin dolor.

Es tiempo de silencio y de mantener los ojos abiertos para seguir mirando a una realidad que nos duele, que no nos gusta. No es tiempo para evadirnos. No es tiempo para mirar para otro lado ni para cambiar de conversación. Y ahí, precisamente ahí, decir que seguimos creyendo, que nos vamos a seguir comprometiendo a vivir y trabajar por el Reino. Porque Dios, a pesar de la oscuridad, no nos va a fallar.

 

Friday, April 3, 2026

Vienes Santo

Evangelio

Juan 18, 1–19, 42

En aquel tiempo, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos.

Entonces Judas tomó un batallón de soldados y guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos y entró en el huerto con linternas, antorchas y armas.

Jesús, sabiendo todo lo que iba a suceder, se adelantó y les dijo: “¿A quién buscan?” Le contestaron: “A Jesús, el nazareno”. Les dijo Jesús: “Yo soy”. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles ‘Yo soy’, retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les volvió a preguntar: “¿A quién buscan?” Ellos dijeron: “A Jesús, el nazareno”. Jesús contestó: “Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan”. Así se cumplió lo que Jesús había dicho: ‘No he perdido a ninguno de los que me diste’.

Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro: “Mete la espada en la vaina. ¿No voy a beber el cáliz que me ha dado mi Padre?”

El batallón, su comandante y los criados de los judíos apresaron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: ‘Conviene que muera un solo hombre por el pueblo’.

Simón Pedro y otro discípulo iban siguiendo a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló con la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro: “¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?” Él dijo: “No lo soy”. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.

El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó: “Yo he hablado abiertamente al mundo y he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, sobre lo que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho”.

Apenas dijo esto, uno de los guardias le dio una bofetada a Jesús, diciéndole: “¿Así contestas al sumo sacerdote?” Jesús le respondió: “Si he faltado al hablar, demuestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?” Entonces Anás lo envió atado a Caifás, el sumo sacerdote.

Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron: “¿No eres tú también uno de sus discípulos?” Él lo negó diciendo: “No lo soy”. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le había cortado la oreja, le dijo: “¿Qué no te vi yo con él en el huerto?” Pedro volvió a negarlo y enseguida cantó un gallo.

Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era muy de mañana y ellos no entraron en el palacio para no incurrir en impureza y poder así comer la cena de Pascua.

Salió entonces Pilato a donde estaban ellos y les dijo: “¿De qué acusan a este hombre?” Le contestaron: “Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído”. Pilato les dijo: “Pues llévenselo y júzguenlo según su ley”. Los judíos le respondieron: “No estamos autorizados para dar muerte a nadie”. Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.

Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús le contestó: “¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?” Pilato le respondió: “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?” Jesús le contestó: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí”. Pilato le dijo: “¿Conque tú eres rey?” Jesús le contestó: “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Pilato le dijo: “¿Y qué es la verdad?”

Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo: “No encuentro en él ninguna culpa. Entre ustedes es costumbre que por Pascua ponga en libertad a un preso. ¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?” Pero todos ellos gritaron: “¡No, a ése no! ¡A Barrabás!” (El tal Barrabás era un bandido).

Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le echaron encima un manto color púrpura, y acercándose a él, le decían: “¡Viva el rey de los judíos!”, y le daban de bofetadas.

Pilato salió otra vez afuera y les dijo: “Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en él ninguna culpa”. Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo: “Aquí está el hombre”. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y sus servidores, gritaron: “¡Crucifícalo, crucifícalo!” Pilato les dijo: “Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en él”. Los judíos le contestaron: “Nosotros tenemos una ley y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios”.

Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más, y entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús: “¿De dónde eres tú?” Pero Jesús no le respondió. Pilato le dijo entonces: “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?” Jesús le contestó: “No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor”.

Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban: “¡Si sueltas a ése, no eres amigo del César!; porque todo el que pretende ser rey, es enemigo del César”. Al oír estas palabras, Pilato sacó a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman “el Enlosado” (en hebreo Gábbata). Era el día de la preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos: “Aquí tienen a su rey”. Ellos gritaron: “¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!” Pilato les dijo: “¿A su rey voy a crucificar?” Contestaron los sumos sacerdotes: “No tenemos más rey que el César”. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz se dirigió hacia el sitio llamado “la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron, y con él a otros dos, uno de cada lado, y en medio Jesús. Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo encima de la cruz; en él estaba escrito: ‘Jesús el nazareno, el rey de los judíos’. Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato: “No escribas: ‘El rey de los judíos’, sino: ‘Éste ha dicho: Soy rey de los judíos’ ”. Pilato les contestó: “Lo escrito, escrito está”.

Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba a abajo. Por eso se dijeron: “No la rasguemos, sino echemos suertes para ver a quién le toca”. Así se cumplió lo que dice la Escritura: Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica. Y eso hicieron los soldados.

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: “Mujer, ahí está tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí está tu madre”. Y desde aquella hora el discípulo se la llevó a vivir con él.

Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: “Tengo sed”. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo: “Todo está cumplido”, e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa.

Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con él. Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua.

El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: No le quebrarán ningún hueso; y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que lo dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo.

Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe.

Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con esos aromas, según se acostumbra enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo, donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la preparación de la Pascua y el sepulcro estaba cerca, allí pusieron a Jesús.




Meditacion:

El Viernes Santo es tiempo de tradición, procesiones, oficios en la iglesia (que no Eucaristía), adoraciones al Santísimo, tiempo de vela. O así era, que con el tiempo para muchos es tiempo de puente, de vacaciones, de escapada del trabajo normal. Quizá no haya que recuperar toda aquella parafernalia de mi niñez, en que hasta el interior de las iglesias se vestía de negro. Pero, dejando de lado lo más superficial, si que haya algo que mantener. Porque estamos ante un momento clave de la vida de Jesús.

En el caso de Jesús la muerte no es un accidente sobrevenido. Es la más directa culminación de su vida, de su forma de comportarse, de su predicación, de su enfrentamiento con los que se sentían los dueños de la religión y, como consecuencia, los dueños de Dios. Es la culminación de sus diatribas con fariseos y saduceos, de su actitud ante el Templo de Jerusalén, centro de la vida religiosa y política de los judíos.

Hay una canción de la ópera rock “Jesucristo Superstar” que recoge perfectamente lo que pudo ser la actitud de los poderes religiosos de la época ante Jesús. Entienden que tienen un problema con Jesús y que tienen que tomar una decisión. El populacho se ha entregado a Jesús, el milagrero.  Y Jesús está revolucionando al pueblo. Eso puede hacer que los romanos castiguen al pueblo. En realidad, están preocupados porque les castiguen a ellos y que pierdan sus privilegios. La conclusión es sencilla: por el bien del pueblo (eufemismo para decir que por su propio bien, el de los poderosos) Jesús debe morir.

Y así sucedió. Pero Jesús era muy consciente de que esto podía suceder, de que iba a suceder. Con esa conciencia emprendió la subida a Jerusalén. No podía ser de otra manera. Por pura coherencia con lo que pensaba y vivía sobre el Reino, sobre Dios. Había que entregarse hasta el final. Hasta dar la vida. Y ponerlo todo en las manos de Dios, de su Abbá. Tenía que llevar su fe y su confianza hasta el extremo.

Esto es lo que celebramos el Viernes Santo. No solo la muerte física de Jesús sino su entrega en total confianza a su Padre. Hasta el extremo. Y por ahí se encuentra el camino de nuestra salvación, de nuestra vida: aprender de Jesús a confiar hasta el final. Por el Reino.


 

Thursday, April 2, 2026

Espiritu de Dios


 Evangelio

Lucas 4, 16-21

En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.



Meditation:

Los israelitas, aunque no eran las dos cosas a la vez, eran, sin embargo, llamados cristos (ungidos), por la unción material del aceite que los constituía reyes o sacerdotes. Pero el Salvador, que es el verdadero Cristo, fue ungido por el Espíritu Santo, para que se cumpliera lo que de él estaba escrito: Por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros. Su unción supera a la de sus compañeros, ungidos como él, porque es una unción de júbilo, lo cual significa el Espíritu Santo.

Sabemos que esto es verdad por las palabras del mismo Salvador. En efecto, habiendo tomado el libro de Isaías, lo abrió y leyó: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido; y dijo a continuación que entonces se cumplía aquella profecía que acababan de oír. Y, además, Pedro, el príncipe de los apóstoles, enseñó que el crisma con que había sido ungido el Salvador es el Espíritu Santo y la fuerza de Dios, cuando, en los Hechos de los apóstoles, hablando con el centurión, aquel hombre lleno de piedad y de misericordia, dijo entre otras cosas: La cosa empezó en Galilea, cuando Juan predicaba el bautismo. Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo.

Vemos, pues, cómo Pedro afirma de Jesús que fue ungido, según su condición humana, con la fuerza del Espíritu Santo. Por esto, Jesús, en su condición humana, fue con toda verdad Cristo o ungido, ya que por la unción del Espíritu Santo fue constituido rey y sacerdote eterno.


Wednesday, April 1, 2026

Ultimo acto

Evangelio

Mateo 26, 14-25

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo.

El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” Él respondió: “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: ‘El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’ ”. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua.

Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce, y mientras cenaban, les dijo: “Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme”. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?” Él respondió: “El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le respondió: “Tú lo has dicho”.



Meditacion:

El texto evangélico de hoy está totalmente centrado en la traición de Judas. A lo largo de la historia Judas ha estado en el centro del foco. Como si fuese el culpable de todo lo que le pasó a Jesús. Su imagen ha sido denostada. En realidad, creo que ha hecho un poco de “macho cabrío”, que hemos cargado en él todas las culpas, de forma que nos podamos sentir mejor. Como Pilatos nos hemos lavado las manos y nos podemos ir a casa tranquilos. Como mucho, a lo largo de la historia la culpa se ha cargado en los judíos. Ellos fueron los que mataron a Jesús. Nosotros estamos libres de culpa, no tuvimos nada que ver. Judas es el malo. Todos tranquilos.

Nos engañamos a nosotros mismos si pensamos así. Lo de la muerte de Jesús es un poco más complejo que la solución facilona de buscar un culpable. En realidad, si miramos a los demás apóstoles y discípulos, no es que fueran muy valientes al momento de la dificultad final. Más bien, se puede decir que todos salieron corriendo. Ahí está el valiente Pedro, el jefecillo de los apóstoles, que niega por tres veces haber conocido en su vida a Jesús.

Hay más. Casi podríamos decir que Jesús se ganó su muerte a base de puños. Él mismo provocó un largo enfrentamiento con las autoridades religiosas y civiles (que en aquella época eran las mismas) que no podía llevar a otra cosa más que a su eliminación. Era o Jesús o ellos porque la predicación del Reino traía una revolución más grande que la que pueden hacer las armas.

Y luego está el mismo Judas. Quizá pensaba que a Jesús se le había ido el movimiento de las manos. Tanto predicar el Reino de Dios se le había olvidado que lo importante era liberar al pueblo de la opresión de los romanos. Quitar a Jesús de en medio era, desde su perspectiva, el único medio para reconducir el movimiento a realizar esa liberación política.

Hoy nos podemos preguntar en donde estamos. Quizá lavándonos las manos y pensando que otros hicieron lo que hicieron y por eso pasó lo que pasó. O podemos preguntarnos si realmente hemos comprendido lo que era el Reino para Jesús y estamos intentando hacerlo vida o si, ante determinadas exigencias del evangelio (amor y misericordia infinita…) no preferimos mirar a otro lado no vaya a ser que nos toque a nosotros el mismo destino de Jesús.

 

Generacion

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