Monday, August 10, 2026

Ser util


 Evangelio

Juan 12, 24-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.

El que quiera servirme que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre’’.



Meditacion:

Pero, gradualmente, las Escrituras de hoy nos van abriendo un sentido más hondo de la generosidad. El “dadivoso” es superado por quien da de buena gana– con sacrificio. El que da hasta que duele. Y que da, no ya regalos materiales, sino tiempo, escucha, servicio, paciencia. El salmo parece expresarlo aun mejor: “Dichoso el que se apiada”. Es decir, el que da, no pensando en la imagen que proyecta, no pensando en sí mismo, sino cambiando su propio corazón: se apiada, se compadece del dolor o la necesidad del otro.

Y el Evangelio da un paso (que más bien parece un salto mortal) más y habla de algo radical. Que el grano de trigo caiga en tierra y muera. Que dé, y se dé de tal manera, que desaparezca la propia imagen de bondad y generosidad y que se entregue todo. Y si no, no puede dar buen fruto. Parece que las dos primeras velocidades del dar, con su promesa de complacencia de Dios y de dicha, llegan ahora a un punto que parecería doloroso porque habla incluso de muerte. Pero ahí también está la promesa… si hace esto, dará fruto. Es siempre el paso del misterio Pascual. Entrega, muerte y resurrección. Dar de lo material, y sobre todo de lo que no se necesita es placentero y agradable, y además da buena fama. Estar dispuesto a darlo todo: tiempo, comodidad, riesgo, lucha, talentos y todo lo que se tiene, parece algo más complicado. Pero es lo que da fruto. Y fruto que permanece. Como el de la salvación de Cristo.

Hoy se celebra la fiesta de san Lorenzo, diácono de la Iglesia de Roma a quien se le preguntó dónde estaba el tesoro de la Iglesia, y señaló a los pobres a los que servía. Es famoso por su entrega y su sentido del humor. Entendió la generosidad a tres velocidades, pero sobre todo la final, entregando su cuerpo a las llamas. Y entendió dónde estaba el tesoro y el fruto

Friday, August 7, 2026

Cruz


 Evangelio

Mateo 16, 24-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces dará a cada uno lo que merecen sus obras.

Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán, sin haber visto primero llegar al Hijo del hombre como rey’’.



Meditacion:

Hay partidos políticos, por lo menos en lo que yo conozco sobre todo en Europa y en América del norte que hablan claramente de que tiene que haber una prioridad nacional. Con ello quieren decir que los ciudadanos de un país tienen que pensar primero en ellos mismos y en sus necesidades. Esa es la prioridad. En la práctica significa que, si hay un sistema de salud público, los extranjeros, sobre todo los inmigrantes, claro está, deben quedar excluidos. Lo mismo se puede decir sobre las políticas de acceso a la educación o a la vivienda. Los nacionales tienen la prioridad.

La verdad es que la afirmación no tiene mucho sentido en cuanto se lee un poco de historia y descubrimos que todos somos inmigrantes. Al final, hay que reconocer que la humanidad, tal como la conocemos ahora ¡nació en África! Así que todos somos migrantes e hijos de migrantes.

Pero en cristiano estas afirmaciones son mucho más peligrosas. Porque en cristiano, con el Evangelio en la mano, es muy difícil, imposible, hablar de esa prioridad nacional. Más bien, hay que hablar de lo contrario. Desde el Evangelio la prioridad la tiene siempre el hermano y de modo especial el hermano necesitado.

Por eso dice Jesús en el Evangelio de hoy que el que tiene como primera prioridad su propia persona, lo va a perder todo, va a arruinar su vida. Se trata de perderla por Jesús, por el Reino, por la fraternidad. Se trata de trabajar y entregar la vida para construir y hacer realidad esa mesa de la fraternidad en el que la humanidad entera se sentará en torno al único Padre. La prioridad nacional, la prioridad mía, no tiene sentido. Las fronteras son creaciones humanas que no deberían ser barreras ni muros sino puertas abiertas y puentes. La única manera de ganar la vida es hacerlo en compañía del hermano, y sobre todo del hermano necesitado. Esa es nuestra prioridad como discípulos de Jesús. Así ya sabemos si queremos salvar la vida, menos mirarnos al ombligo y más dar la mano al hermano (y todos son hermanos).

Thursday, August 6, 2026

Transfiguracion


 Evangelio

Mateo 17, 1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.
Entonces Pedro le dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".
Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: "Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo". Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: "Levántense y no teman". Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: "No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos".


Meditacion:
La verdad es que no sabemos, no podemos saber, que fue lo que realmente pasó en aquella montaña. Los discípulos lo contarían años después usando la mentalidad y la cultura de la época. Algo vieron, algo descubrieron en Jesús que les resultó absolutamente novedoso. Algo que les llenó de espanto y terror. Y les hizo caer por los suelos. Quizá porque lo que intuyeron o vieron era demasiado grande para ellos. Y ahí, una vez más, resonó la voz de Jesús: “Levantaos, no temáis”.
Me gusta pensar en momentos parecidos que he vivido en el encuentro con otras personas. Encuentros donde la otra persona se me ha revelado de una forma nueva, inusitada. Encuentros que me han permitido avistar la profundidad del otro, de sus sentimientos, comprender de alguna manera lo que es. En algunos de esos encuentros, se me han caído muchas de las ideas y prejuicios que tenía de esa persona. Se me ha aparecido esa persona desde una perspectiva más plena, más real, más completa. He avistado en la profundidad de su ser algo que no había visto antes. Y todo eso ha cambiado mi relación con esa persona. Ya no es, no puede ser, como antes.
Me gusta pensar que algo así les pasó a los discípulos en aquella montaña alta. Algo descubrieron en Jesús que no habían visto antes. Se hizo la luz en sus corazones. Algo comprendieron de la misión de Jesús, de su relación tan especial con Dios, su Abbá. Y en el centro de esa relación el amor, como no podía ser de otra manera: “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto”.
Luego todo vuelve a la normalidad. Pero lo vivido, queda dentro del corazón y de la mente. Lo vivido asusta. Pero la voz de Jesús sigue resonando: “No temáis”.
Es que asomarse al abismo del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús provoca espanto. No estamos acostumbrados. Nos cuesta creerlo del todo. Es un Dios Amor hecho carne. Para darnos la vida. Quizá, sencillamente, no estamos preparados para tanto.

Wednesday, August 5, 2026

Fe


 Evangelio

Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: “Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: “Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros”. Él les contestó: “Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

Ella se acercó entonces a Jesús y postrada ante él, le dijo: “¡Señor, ayúdame!” El le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. Pero ella replicó: “Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.



Meditacion:

Hay los que piensan que Jesús, desde su más tierna infancia, ya lo sabía todo, todo. De sí mismo, del mundo, de su ser Hijo de Dios. Pero se olvidan de que la encarnación fue verdadera, fue hasta el fondo. Se hizo uno de nosotros en todo menos en el pecado. Así que conoció la infancia, la adolescencia, creció y fue madurando poco a poco como cualquier persona de este mundo, descubriendo progresivamente lo que era su misión, a lo que estaba llamando, profundizando en su relación con su Abbá. Y todo esto en medio de los acontecimientos de su vida y de los que le rodeaban. Igual que a nosotros, a veces eran los encuentros con personas y situaciones los que le hacían pensar y reflexionar e ir descubriendo nuevas dimensiones. Como cualquier hombre. Porque el Hijo de Dios no se hizo hombre de mentirijillas. No fue como si Dios se pusiese un disfraz o una piel por encima para que le pudiésemos ver y hablar con él. Se encarnó, se hizo carne de nuestra carne. De verdad. Hasta el fondo.

Todo esto viene a que, en el texto evangélico de hoy, Jesús sale de los territorios judíos, el país de Tiro y Sidón. Allí es una mujer cananea la que solicita su ayuda, pide socorro. La primera respuesta de Jesús es decepcionante: Él está para atender a los israelitas. El resto de la humanidad (cananeos, romanos, griegos y tantos otros pueblos) no pertenecen a su negociado, no son su responsabilidad.

Pero la mujer insiste. Insiste tanto que Jesús se siente provocado. Al ver su fe, cambia de actitud. Realiza la curación de la hija.

Quizá lo de la curación no sea lo más importante. Lo fundamental es que, al hilo de este encuentro, Jesús toma conciencia de que su misión no se dirige solo al pueblo de Israel. El amor de Dios es para todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. Se rompen las fronteras de cualquier tipo. La salvación es para todos.

Que a nosotros los encuentros y las personas de este día nos ayuden también a reflexionar y mejorar como discípulos. A estar abiertos a toda la humanidad

Tuesday, August 4, 2026

Poca fe


 Evangelio

Mateo 14, 22-36

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.

Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.

Terminada la travesía, llegaron a Genesaret. Apenas lo reconocieron los habitantes de aquel lugar, pregonaron la noticia por toda la región y le trajeron a todos los enfermos. Le pedían que los dejara tocar siquiera el borde de su manto; y cuantos lo tocaron, quedaron curados.



Meditacion:

Hay tres cosas a subrayar en el texto evangélico de hoy: la oración, el “no tengáis miedo” que les dice Jesús a los discípulos y la cercanía que sentían los enfermos con Jesús. Son tres elementos que en realidad están profundamente relacionados.

Lo primero, la oración. Jesús aprovecha la noche para subir al monte a orar en soledad. Pero parece que no le dura mucho la oración porque cuando presiente que los discípulos lo están pasando mal en la barca, deja la oración y se acerca a ellos. Los cristianos no estamos llamados a ser eremitas. No tenemos por vocación dedicarnos exclusivamente a la oración y la meditación continua. Eso puede ser una parte de nuestra vida. Si se quiere, una parte muy importante. Pero siempre va a estar por encima, como la prioridad de las prioridades, el servicio a los hermanos. Si en algún momento la oración provoca que dejemos a los hermanos y sus necesidades de lado porque “me tengo que dedicar a la oración”, tendríamos que decir esa no es una verdadera oración cristiana. Repito: la prioridad es siempre el hermano. Y más aún el hermano necesitado. Mi bienestar queda en un segundo plano. Porque el verdadero y más auténtico lugar de encontrarme con Dios es en el hermano.

Lo segundo es la frase que Jesús dirige a sus discípulos, que debían estar aterrorizados, porque solo el que ha vivido una tormenta en el mal en una pequeña barca sabe lo que es el terror de verdad. Jesús les dice simplemente: “No tengáis miedo”. Es una actitud básica del cristiano. No tener miedo a esa imagen del Dios fiscalizador, castigador, controlador que tanto nos han metido en la cabeza a muchos, porque el Dios de Jesús es padre de misericordia, es Amor (como dice a primera carta de Juan 4,8). Ni tener miedo a los que nos puedan hacer otros porque Dios está con nosotros.

Y lo tercero que es que Jesús se sigue haciendo cercano a todos. Y todos confían en él. No se asustan. Porque saben que de él solo puede venir la vida y la esperanza. Y ahí Jesús tiene claras sus prioridades: acercarse a los pobres es dar testimonio de cómo es Dios, tanto o más que en sus momentos de oración. Desde su especial relación con Dios, Jesús vive una profunda confianza y amor por sus hermanos. A ver si le imitamos.

Monday, August 3, 2026

Dudar


 Evangelio

Mateo 14, 22-36

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.

Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.

Terminada la travesía, llegaron a Genesaret. Apenas lo reconocieron los habitantes de aquel lugar, pregonaron la noticia por toda la región y le trajeron a todos los enfermos. Le pedían que los dejara tocar siquiera el borde de su manto; y cuantos lo tocaron, quedaron curados.



Meditacion:

San Agustín, imaginando que se dirige al apóstol, comenta: el Señor «se inclinó y te tomó de la mano. Sólo con tus fuerzas no puedes levantarte. Aprieta la mano de Aquel que desciende hasta ti» (Enarr. in Ps. 95, 7: PL 36, 1233) y esto no lo dice sólo a Pedro, sino también a nosotros. Pedro camina sobre las aguas no por su propia fuerza, sino por la gracia divina, en la que cree; y cuando lo asalta la duda, cuando no fija su mirada en Jesús, sino que tiene miedo del viento, cuando no se fía plenamente de la palabra del Maestro, quiere decir que se está alejando interiormente de él y entonces corre el riesgo de hundirse en el mar de la vida. Lo mismo nos sucede a nosotros: si sólo nos miramos a nosotros mismos, dependeremos de los vientos y no podremos ya pasar por las tempestades, por las aguas de la vida. El gran pensador Romano Guardini escribe que el Señor «siempre está cerca, pues se encuentra en la razón de nuestro ser. Sin embargo, debemos experimentar nuestra relación con Dios entre los polos de la lejanía y de la cercanía. La cercanía nos fortifica, la lejanía nos pone a prueba»

Saturday, August 1, 2026

Juan el Bautista


 Evangelio

Mateo 14, 1-12
En aquel tiempo, el rey Herodes oyó lo que contaban de Jesús y les dijo a sus cortesanos: “Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas”.
Herodes había apresado a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, pues Juan le decía a Herodes que no le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, le tenía miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta.
Pero llegó el cumpleaños de Herodes, y la hija de Herodías bailó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que le pidiera. Ella, aconsejada por su madre, le dijo: “Dame, sobre esta bandeja, la cabeza de Juan el Bautista”.
El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por no quedar mal con los invitados, ordenó que se la dieran; y entonces mandó degollar a Juan en la cárcel. Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre.
Después vinieron los discípulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo sepultaron, y luego fueron a avisarle a Jesús.


Meditacion:
Lo que más me llama la atención de esta historia de Herodes es que pone al descubierto algo que suele estar escondido, oculto. Es que los que están muy arriba en la escala social viven su situación con mucha inseguridad. Es más. Cuanto más arriba, mayor es la inseguridad.
Herodes es un ejemplo claro de esto. Había hecho matar a Juan Bautista. Estaba seguro de ello. Había visto su cabeza separada del cuerpo en una bandeja. Y, aun así, tenía miedo. Juan Bautista, su vida y sus palabras, seguían presentes en su mente. Hasta el punto de ver fantasmas y terminar pensando que Jesús era Juan Bautista resucitado, que volvía otra vez a amenazarle. Era una amenaza sin armas, pero una amenaza real. Ponía al descubierto lo que él quería mantener oculto: sus abusos continuos de autoridad.
Tiene esta historia un punto contradictorio. Por una parte, Herodes tenía toda la autoridad. Pudo matar sin problemas a Juan Bautista. Pero, por otra parte, hasta muerto Juan Bautista era para Herodes una amenaza a su seguridad. Ni siquiera en su palacio y rodeado de su guardia se sentía seguro.
Podemos aprender algo de esta historia. Es que la inseguridad forma parte de nuestra vida. Por muchos seguros de vida, alarmas, protecciones, guardias, etc. que pongamos a nuestro alrededor, siempre nos sentiremos inseguros.
Nuestra vida es frágil. El cuerpo siempre está amenazado por la enfermedad, que nos puede atacar de miles o cientos de miles de formas diferentes. Hasta el paso de los años nos va volviendo más frágiles.
Nuestras relaciones son frágiles. Hoy podemos confiar en los que nos rodean. Pero, ¿quién puede estar absolutamente seguro de los demás? Hay demasiados casos en los que tiranos y potentados han sido traicionados precisamente por los más cercanos a ellos.
Jesús plantea otro camino, otra posibilidad. No hay más camino para vencer la inseguridad que la fraternidad, la confianza mutua. El camino es renunciar a la violencia, al dominio abusivo. El camino es el del reino. Pero eso le ponía nervioso a Herodes

Generacion

Evangelio Lucas 7, 31-35 En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se p...