Wednesday, October 4, 2023

San Francisco de Asis


 Evangelio

Lc 9, 57-62

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, alguien le dijo: "Te seguiré a donde quiera que vayas". Jesús le respondió: "Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza".

A otro, Jesús le dijo: "Sígueme". Pero él le respondió: "Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre". Jesús le replicó: "Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios".

Otro le dijo: "Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia". Jesús le contestó: "El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios".

Meditacion:

San Francisco resulta extrañamente atractivo. Pero debería, más bien, resultar atemorizante. Eso de la pobreza absoluta no nos va. No les va ni siquiera a los ecologistas más acérrimos que, para “salvar al planeta” necesitan comprar una serie de artilugios para reciclar, comprar coches mucho más caros, e incluso comprar alimentos que resultan excesivamente caros… La pobreza absoluta, o el desprendimiento absoluto en nuestro tiempo a veces parece una imposibilidad.

Y, ¿qué tal lo de no tener dónde reclinar la cabeza? Todo el discurso parece totalmente irrealista y duro. ¿De verdad podría Jesús querer que no esperemos a enterrar a nuestro padre?

Posiblemente las hipérboles a las que eran tan dados los semitas, y las exageraciones de los santos, como Francisco de Asís, nos resulten admirables, pero no asequibles.

Tampoco parece muy viable y ni siquiera saludable el vivir del recuerdo, como dice el Salmo: “Tu recuerdo, Señor, es mi alegría”.  Uno no se debe anclar en el pasado, nos dicen.

Parece ser que esos pobres radicales, como san Francisco y como el improbable modelo que propone Jesús, sí que tienen dónde reclinar la cabeza. El dónde reclinar la cabeza se llama recuerdo del Señor. El padre no enterrado también se llama recuerdo del Señor. El no tener nada también se llama recuerdo del Señor. Es decir, si entendemos recuerdo no como una memoria lejana y pasada que no volverá y que simplemente nos trae imágenes nostálgicas. Pero, si pensamos en la auténtica definición de recuerdo, que es “traer al corazón”, todo cobra un sentido distinto y muy real. Traer al corazón al Señor, es reclinar la cabeza en el propio corazón de Cristo. Es, también, nunca “enterrar” al padre en un rincón oscuro de la memoria, sino más bien anteponer el amor de Cristo a todo, sabiendo que la propia raíz (el padre, o la madre) personal tiene su origen en la raíz primigenia de Dios. No tener nada es contar con todo Cristo.

Así quizá parezca menos imposible, aunque aun difícil. En mayor o menor grado, todos estamos afectados por un cierto “alzehimer” espiritual. Somos desmemoriados y entonces nos aferramos a fantasmas: posesiones materiales, prestigio, raíces pasajeras, recuerdos efímeros que no dan alegría verdadera y que sólo conducen a la nostalgia.

El “re-cordar” a Dios en todo momento no es, por tanto, un fútil ejercicio de mirar al pasado, sino un encuentro del verdadero centro de todo, que hace innecesaria cualquier otra cosa. Posiblemente es lo que viviera san Francisco. Y ciertamente, es a lo que nos llama el Señor.

Tuesday, October 3, 2023

Fuego del cielo


 Evangelio

Lc 9, 51-56

Cuando ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Envió mensajeros por delante y ellos fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque supieron que iba a Jerusalén. Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: "Señor, ¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?"

Pero Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió. Después se fueron a otra aldea.



Meditacion:

Mandar fuego. ¡Qué hermosísima tentación! Todo lo que nos rodea invita a mandar fuego. Que arda todo; que se termine todo; que, de una buena vez, acabemos con los malos, con quienes no nos reciben, con quienes no tienen fe, con quienes están amenazando la paz, la seguridad, con quienes minan la moral y presentan un peligro para la nación y para nuestros hijos. Y así, nos desharíamos de lo malo, habría paz, no habría divisiones, y podríamos recomenzar la vida en paz. Sería maravilloso. Porque tenemos razón. Porque no hay derecho a que no se acepte a Jesús. Porque toda esa gente ha faltado al deber básico de la hospitalidad, o de la fidelidad.

Pero, ¿de verdad solucionaría la situación? Porque en el corazón humano siempre va a haber la tendencia a la ambición, a la competición, al ansia de poder, la inclinación a “ser como dioses”. Y la historia, muy probablemente, se va a repetir una y otra vez.

Jesús mismo dijo que iba a traer fuego a la tierra y que quería que ardiera. ¿Por qué ahora, entonces, regaña a sus discípulos por querer hacer precisamente eso? Quizá porque el fuego que querían hacer bajar ellos reflejara más ese “ser dioses”, que el deseo de la implantación del Reino. Quizá porque el fuego que nos gustaría mandar muchas veces viene de un lugar oscuro de deseo de venganza y de golpe de poder, mientras que el que él envía proviene de la pasión por el bien que debería incendiar el mundo. Es un fuego mucho más profundo, y mucho más duradero, como demuestra la historia de los santos a lo largo de los tiempos, que es la historia de las misiones, de los hospitales, de las escuelas, de las innumerables obras de la Iglesia a través de sus miembros.

No es un fuego físico y enviado mágicamente, que se extiende de inmediato, sino un fuego interno y personal que mueve, o debería mover a cada discípulo, a la proclamación del Reino, al testimonio (incluso martirial), a la acción por la justicia y la verdad.  El fuego que trae Jesús no mueve a destruir al enemigo físico, sino al enemigo interno, incluido el de cada uno de nosotros. El fuego que pide Cristo es el fuego que mueve a amar incluso a quien no cae bien (al que, en nuestra humilde opinión, le vendría muy bien el primer tipo de fuego); es el fuego de quien sacrifica su comodidad para atender a una persona anciana enferma (e incluso impertinente); es el fuego de quien toma en serio las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales.

Envía fuego, ¡Señor! A tu estilo.

Monday, October 2, 2023

Niños...

Evangelio

Mt 18, 1-5. 10

En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: "¿Quién es más grande en el Reino de los cielos?"

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: "Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo''.



Meditacion:

A los niños siempre se les pregunta qué quieren ser cuando sean mayores. Ser mayor, ser grande, se presenta como ideal. Sería raro que alguien contestara que quiere ser pequeño. Enseguida pensaríamos que tiene complejo de Peter Pan, y, los más avanzados, buscarían un psicólogo para un niño que no parece “normal”, que no quiere dejar de ser niño. El ideal es la grandeza y una grandeza llena de gloria. Es a ser grande a lo que aspiramos, no a ser pequeños. Los padres desean que sus hijos sean grandes, que lleguen a ser alguien, que triunfen.  Y en este mundo, triunfar puede querer decir tener el coche de última moda, ser capaz de dar discursos políticos (por muy vacuos que sean la mayoría de las veces), tener un título… o estar en posesión de las mejores armas.

No creo que Jesús pretenda que fracasemos, que no crezcamos o que no lleguemos a la edad adulta. Pero parece ser que su definición de grandeza es algo distinta a la idea que se suele tener sobre grandeza. No se trata de títulos ni de posesiones, sino de la identidad de los ciudadanos del reino, los cristianos. El antiguo catecismo preguntaba: “¿Qué es ser cristiano?” Y la respuesta era: “Ser cristiano es ser discípulo de Cristo.”

Otro pasaje del Evangelio dice que el discípulo no puede ser mayor que el Maestro. Y el maestro: “se vació a sí mismo”. Ser pequeño en el vocabulario de Dios es, nada más y nada menos que ser tan grande como el Maestro. El cristiano no está llamado a la pequeñez, sino a una inmensa grandeza. Entrar en el Reino, ser del Reino, significa ascender a la mayor grandeza. Haciéndose, paradójicamente, mínimo. Porque solo Cristo Jesús, obediente hasta la muerte, es grande.

¿Qué significa hacerse pequeño, entonces? Pienso que, simplemente, ese “ver continuamente el rostro de Dios” de los ángeles de la guarda que celebramos hoy, significa desprenderse de toda pretensión de poder, de mérito, o de ascendencia sobre alguien. Ver constantemente el rostro de Dios es saber que toda la grandeza que yo mismo pueda alcanzar, todos los triunfos que pueda cosechar, tienen su causa última en el poder de Dios, y no en el mío. Ver constantemente el rostro de Dios significa tener siempre presente el porqué de las cosas. Y también el “para quién”. Es aceptar la luz y la verdad de Dios sobre uno mismo y sobre el mundo. Y es alcanzar la grandeza de tal visión.

 

Saturday, September 30, 2023

La cruz


 Evangelio

Lc 9, 43-45

En aquel tiempo, como todos comentaban, admirados, los prodigios que Jesús hacía, éste dijo a sus discípulos: "Presten mucha atención a lo que les voy a decir: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres".

Pero ellos no entendieron estas palabras, pues un velo les ocultaba su sentido y se las volvía incomprensibles. Y tenían miedo de preguntarle acerca de este asunto.


Meditacion:

Para los discípulos —¡pero también para nosotros! — la cruz es algo incómodo, la cruz es un “escándalo”, mientras que Jesús considera “escándalo” el huir de la cruz, que sería como eludir la voluntad del Padre, a la misión que Él le ha encomendado para nuestra salvación. ¡Nos sucede a todos! En los momentos de devoción, de fervor, de buena voluntad, de cercanía al prójimo, miramos a Jesús y vamos adelante; pero en los momentos en los que viene la cruz, huimos. El diablo, Satanás —como dice Jesús a Pedro— nos tienta. Es propio del espíritu malo, es propio del diablo alejarnos de la cruz, de la cruz de Jesús. La cruz es signo santo del Amor de Dios, es signo del Sacrificio de Jesús, y no debe ser reducida a objeto supersticioso o joya ornamental. Cada vez que fijemos la mirada en la imagen de Cristo crucificado, pensemos que Él, como verdadero Siervo del Señor, ha cumplido su misión dando la vida, derramando su sangre para la remisión de los pecados. Y no nos dejemos llevar a la otra parte, en la tentación del Maligno. Por consiguiente, si queremos ser sus discípulos, estamos llamados a imitarlo, gastando sin reservas nuestra vida por amor de Dios y del prójimo

Friday, September 29, 2023

Angeles

Evangelio

Jn 1, 47-51

En aquel tiempo, cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: "Éste es un verdadero israelita en el que no hay doblez". Natanael le preguntó: "¿De dónde me conoces?" Jesús le respondió: "Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera". Respondió Natanael: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel". Jesús le contestó: "Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver". Después añadió: "Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".


Meditacion:

Hoy hacemos memoria de los santos ángeles Miguel, Gabriel y Rafael. En la figura de los ángeles está mezclada mucha tradición. En el mundo de la antigüedad, la figura del rey se interpretaba como la de un padre –independientemente de que luego fuesen unos tiranos asesinos en la práctica pero de ellos se esperaba que protegiesen al pueblo y, en especial, los más débiles–. Eran tiempos en que no reinaba precisamente el imperio de la ley y los súbditos, privados de derechos, no podían más que esperar en la misericordia del rey. Los empleados de su corte eran los encargados de realizar esos servicios. Eran cortes magnificentes, lujosísimas, llamadas de despertar el asombro entre sus súbditos. Muchas veces, el rey era considerado como un auténtico dios.

Si así se pensaba en los reyes, ¡cómo no se iba a pensar así de Dios mismo! También él debía tener una corte y ser servido en todos sus deseos por cohortes de siervos, que hiciesen también de mensajeros y auxiliadores en sus funciones de proteger al pueblo que dependía de él. En la corte celestial esos siervos eran los ángeles. Es una manera de poner rostro a lo que es Dios para nosotros y situarle, de alguna manera, comprensible para nosotros.

Con el Evangelio en la mano, prefiero imaginarme a los ángeles de una forma mucho más sencilla. Ángeles hay muchos en nuestro mundo aunque carezcan de alas. Ángeles son los que se dedican a cuidar y servir a sus hermanos y hermanas, sobre todo a los más pequeños, para que ni uno solo de ellos perezca. Ángeles son los que nos cuidan cuando estamos enfermos. Los que nos visitan y escuchan cuando estamos solos y sentimos el dolor de la soledad que nos hunde. Ángeles son los que anuncian el reino con su esperanza y su forma de comportarse y de luchar por la justicia.

Ángeles es lo que estamos llamados a ser nosotros mismos para los que nos rodean. Quizá no nos crezcan las alas ni terminemos volando pero habremos servido a la voluntad de Dios que quiere que todos conozcamos su amor y vivamos en libertad, justicia y fraternidad.

 

Thursday, September 28, 2023

Herodes


 Evangelio

Lc 9, 7-9

En aquel tiempo, el rey Herodes se enteró de todos los prodigios que Jesús hacía y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado; otros, que había regresado Elías, y otros, que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Pero Herodes decía: "A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?" Y tenía curiosidad de ver a Jesús.


Meditacion:

Es interesante el texto evangélico de hoy. Herodes, el virrey, el que tenía todos los poderes en aquellas tierras, siente que hay algo que no controla. El tal Herodes tenía mucho poder. Tanto poder que tenía claro que lo de Juan no había sido un accidente ni un error policial. Sin problema reconoce que “lo mandé decapitar yo”. Y por supuesto que lo hizo con el ánimo claro de cargarse a cualquiera que le pudiese hacer la contra. Vamos que en el reino de Herodes la oposición no tenía mucha esperanza de vida.

Pero hete aquí que la operación no le salió bien. Le llegaban rumores de que algo pasaba, de que alguien decía cosas que no eran, desde su punto de vista, oportunas. Ya se sabe que para el poder cualquier crítica es inaguantable e inaceptable y debe ser cortada de raíz. Las únicas críticas aceptables son las de los aduladores de la corte. Y eso no son críticas. Pero claro Jesús andaba suelto y no era Jesús de los que se callaban frente a la injusticia.

Conclusión que ni Herodes fue capaz de terminar con la libertad del Hijo de Dios. Conclusión: que Dios es más grande que todos nuestros planes e ideas. Y que, aunque degollemos (en sentido figurado, espero) algunas ideas y algunos movimientos, lo que es de Dios sale adelante.

Lo que le pasó a Herodes también nos puede pasar a nosotros. Queremos controlar nuestra vida y, tantas veces, la de los demás. Y la vida sale por las suyas. Y nos da sorpresas y nos pone ante nuevas situaciones y retos, que nos reclaman nuevas respuestas. En nosotros esta la posibilidad de hacer como Herodes: pretender controlarlo todo. Si hacemos así, nos encontraremos casi seguro con el fracaso porque esa pretensión es absurda. O, con libertad, tomarnos esos nuevos retos como las llamadas que Dios nos va haciendo a crecer, a madurar, a ser sus discípulos, a cambiar de vida, a convertirnos. Esto no es fácil de conseguir pero vale la pena intentarlo.

Wednesday, September 27, 2023

Los envio


 Evangelio

Lc 9, 1-6

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a predicar el Reino de Dios y a curar a los enfermos.

Y les dijo: "No lleven nada para el camino: ni bastón, ni morral, ni comida, ni dinero, ni dos túnicas. Quédense en la casa donde se alojen, hasta que se vayan de aquel sitio. Y si en algún pueblo no los reciben, salgan de ahí y sacúdanse el polvo de los pies en señal de acusación".

Ellos se pusieron en camino y fueron de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio y curando en todas partes.

Meditacion:

Jesús envió a los Doce a proclamar el Reino de Dios y a curar los enfermos. Parece que las dos misiones van íntimamente unidas. Y junto con eso, la sencillez de los medios pobres y humildes, no llevar nada para el camino. Dice el texto evangélico de hoy que ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea haciendo precisamente esas dos cosas: anunciando la buena nueva y curando en todas partes.

Lo bueno de esta historia es que no se quedó en aquel envío. Ha habido cientos de miles de cristianos que han seguido escuchando esa invitación de Jesús a anunciar el reino y a curar a los enfermos. O quizá hayan sido millones a lo largo de la historia. Sacerdotes y religiosas pero también laicos, hombres y mujeres, que han dejado lo que estaban haciendo, han abandonado sus propios intereses para ocuparse de anunciar el reino y curar a los enfermos.

Hoy hacemos memoria de uno de ellos: San Vicente de Paul, un sacerdote francés que vivió a caballo entre el siglo XVI y el XVII. Al principio pensó apenas en ser párroco para poder a su familia, muy necesitada. Pero el ministerio mismo le llevó a conocer de primera mano la miseria en la que vivía la mayoría de los campesinos pobres de Francia. Esa experiencia le abrió los ojos. Y una vez ya abiertos vio también muchas otras necesidades, en la ciudad, en los hospitales, en la infancia. Fundó la Congregación de la Misión, fundó las Hijas de la Caridad, fundó las conferencias de la Caridad, en muchos lugares llamadas conferencias de San Vicente de Paul. Hizo de los pobres y sus necesidades el centro de su vida. Y así fue como anunció la buena nueva del Reino.

San Vicente de Paul es en realidad uno más. Hoy sigue habiendo muchas personas que ilusionadas con el Evangelio escuchan la invitación de Jesús a anunciar la buena nueva y a curar a los enfermos. Y dedican tiempo y vida en ese servicio. Muchos no hacen grandes alharacas ni mucho ruido. No salen en los medios. Pero están ahí y hacen grande el Evangelio y dan gloria a Dios y hacen que muchos experimenten de primera mano el amor de Dios.

Generacion

Evangelio Lucas 7, 31-35 En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se p...