Wednesday, January 31, 2024

Milagros


 Evangelio

Mc 6, 1-6

En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: "¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?" Y estaban desconcertados.

Pero Jesús les dijo: "Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.



Meditacion:

La conversación con Jesús en pequeño grupo debió de ser embelesadora; y sus breves “arengas” a multitudes, que quizá no fueron frecuentes, tuvieron que resultar cautivadoras, tanto que en algún momento quisieron forzarle a que aceptase ser “rey” o líder de un movimiento más o menos revolucionario (Jn 6,15; Mc 6,45s). Su presentación entusiasta del reino que llega, su talante festivo que no permite que los discípulos ayunen, su invitación a vivir con la libertad y confianza de los pájaros y las flores, sus agudas puntualizaciones acerca de algunos aspectos de la ley… en más de un momento pudieron meter miedo a los gobernantes mismos, que quizá le tomaron por demagogo capaz de llevar al pueblo a una insurrección política o a una protesta contra sus dirigentes religiosos. A algo debe de responder aquel aviso que le hicieron en Galilea: “Herodes quiere matarte, mejor que te vayas de aquí” (Lc 13,31).

Pero las palabras dulces de Jesús no siempre estaban exentas de pimienta; criticaba algunas seguridades religiosas, y orientaba a cambios más radicales que echarse un simple remiendo sobre el vestido de siempre (Mc 2,21). Por ello surgieron perplejidades, que, al menos inicialmente, se saldaron a favor de Jesús. En una crisis en el seguimiento, termina Pedro diciendo: “¿A quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 66). Y cuando los jefes del templo y los fariseos se plantean sus dudas sobre el profetismo de Jesús, los servidores mismos de los sumos sacerdotes replican: “Jamás ha hablado nadie como este hombre” (Jn 7,46).

En ese contexto, no es extraño que al menos una vez, habiendo hecho un breve alto en el camino precisamente en su pueblo de Nazaret, el sábado le hayan invitado a hacer la lectura y el comentario en la sinagoga. Lucas ha rellenado un vacío diciéndonos que Jesús lee y comenta Isaías 61; Marcos y Mateo desconocen el contenido de la lectura de ese día; pero ambos conocen la reacción de la asamblea: “se pasmaron” (Mt 13,54; Mc 6,2), verbo tan ambiguo como el lucano “se admiraron” (Lc 4,22). Lucas deja claro que inicialmente la palabra de Jesús embelesa; pero pronto comienza a resultar molesta y sus compaisanos se disponen a despeñarle.

Según el cuarto evangelio los jefes religiosos se preguntan cómo puede Jesús estar tan “instruido sin haber sido escolarizado” (Jn 7,15). Estos jerosolimitanos descalificarían a Jesús por “falta de título”: no ha frecuentado la escuela de un escriba. En cambio los nazaretanos le descalifican desde su procedencia familiar: conocen de sobra a su familia y saben que no es precisamente de gene instruida. En uno y otro caso, los oyentes se protegen frente a la palabra de Jesús, que debe de ser bella pero excesivamente novedosa como para aceptarla.

El refrán sobre el menosprecio del profeta en su pueblo y entre sus parientes se encuentra extendido por toda la tradición evangélica (Mc 6,4par; Jn 4,44). Si existía ya, Jesús experimentó lo certero del mismo quizá en repetidas ocasiones; si lo creó él mismo, se difundió rápidamente como explicación de la dureza de corazón ante las llamadas de este nuevo profeta. En definitiva, quienes desearían descalificar la palabra de Jesús por su contenido pero lo encuentran tarea imposible (“jamás hombre alguno habló así”), buscan otros pretextos para desautorizarlo. No es fácil dejarse sacudir en las propias convicciones, sobre todo si son “convicciones religiosas” arraigadas. Jesús esperaría otra cosa, pero…ojalá no se admire de nuestra falta de fe.

Tuesday, January 30, 2024

Milagros


 Evangelio

Mc 5, 21-43

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: "Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva". Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.

Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.

Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: "¿Quién ha tocado mi manto?" Sus discípulos le contestaron: "Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: '¿Quién me ha tocado?' " Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad".

Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: "Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que tengas fe". No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: "¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida". Y se reían de él.

Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: "¡Talitá, kum!", que significa: "¡Óyeme, niña, levántate!" La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.



Meditacion:

El evangelista Marcos realiza una presentación de la actividad de Jesús por bloques, muy cuidada. Hace dos semanas veíamos a Jesús permanentemente atacado y a la defensiva, porque comía con pecadores, no practicaba el ayuno devocional, no guardaba el sábado con suficiente escrúpulo, etc. Luego le hemos visto predicando en parábolas, todas ellas orientadas a despertar la esperanza: el sembrador impertérrito, la semilla que crece sin que el labrador se dé cuenta, el desarrollo increíble del grano de mostaza. Y ahora llevamos unos días en el bloque de los milagros, que son también una llamada a la esperanza, pues muestra que el poder salvífico de Jesús está desalojando al mal de nuestro mundo; y el evangelista lo hace de manera ordenada, pedagógica, poniendo un ejemplo de cada tipo de milagro: uno sobre la naturaleza (la tempestad), uno de curación psíquica (el energúmeno de Gerasa), uno de curación física (la hemorroisa), y, como culminación, uno de resurrección (la hija de Jairo). Nos encontramos con un catequista ordenado y metódico.

A Marcos le gusta además dar forma artística a su presentación de Jesús, mediante diversos recursos estilísticos y jugando con el orden de los sucesos. Una figura a la que es especialmente aficionado es la llamada estructura-bocadillo, o en tres pisos (A-B-A), que es la que encontramos en la lectura evangélica de hoy: se habla de la niña moribunda o ya difunta en los dos extremos del párrafo, mientras que el centro lo ocupa la curación de la hemorroisa: A-B-A. El evangelista-catequista desea ser claro, convincente y ameno.

A Jesús hay que conocerlo por sus hechos. Y particularmente las dos curaciones, o curación y resurrección, de hoy son especialmente significativas. Capítulos atrás le veíamos justificando su cercanía a los marginados y pecadores, a los que “necesitan médico”. Hoy no se nos dice nada sobre la conducta moral de las dos mujeres restituidas a una existencia digna; pero el hecho de que sean mujeres es ya suficientemente elocuente. Es sabido que la mujer en el judaísmo era un ser menospreciado, que no tenía derechos, ni siquiera categoría personal para hacer de testigo en un juicio… Pero Jesús está cambiando las cosas; y esto es sabido y las mujeres se le acercan con confianza, aunque con un cierto temor, como se dice de la hemorroísa. La mujer con flujo de sangre era impura; no se le permitía asistir al culto del templo ni al sinagogal, ni siquiera en el lugar lateral y secundario reservado a las mujeres. Cuando Jesús la cura de su enfermedad, no solo la libra de su dolencia física, sino que la restituye a la comunidad religiosa de Israel, liberándola de la “excomunión” a la que su condición la tenía condenada.

El detalle aparentemente nimio de que la niña de Jairo “tenía 12 años” pudiera ir en la misma dirección: la supuesta impureza de la mujer en las culturas primitivas, que puede comenzar hacia es edad. Por lo demás, en caso de que estuviese muerta, era ya una fuente de impureza. Pero Jesús va superando e invitando a superar las diversas barreras y tabúes. Él da vida a una adolescente, que ya puede comer en presencia de todos (importancia del “comer juntos”) e integrarse de nuevo en la vida familiar. En definitiva, Jesús restituye y dignifica la vida humana, y restaura la comunión allí donde esté rota. Él dice a las personas y a los grupos: “quedad libres de vuestros flagelos”.

Monday, January 29, 2024

Legion

Evangelio

Mc 5, 1-20

En aquel tiempo, después de atravesar el lago de Genesaret, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Apenas desembarcó Jesús, vino corriendo desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu inmundo, que vivía en los sepulcros. Ya ni con cadenas podían sujetarlo; a veces habían intentado sujetarlo con argollas y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba las argollas; nadie tenía fuerzas para dominarlo. Se pasaba días y noches en los sepulcros o en el monte, gritando y golpeándose con piedras.

Cuando aquel hombre vio de lejos a Jesús, se echó a correr, vino a postrarse ante él y gritó a voz en cuello: "¿Qué quieres tú conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo? Te ruego por Dios que no me atormentes".

Dijo esto porque Jesús le había mandado al espíritu inmundo que saliera de aquel hombre. Entonces le preguntó Jesús: "¿Cómo te llamas?" Le respondió: "Me llamo Legión, porque somos muchos". Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.

Había allí una gran piara de cerdos, que andaban comiendo en la falda del monte. Los espíritus le rogaban a Jesús: "Déjanos salir de aquí para meternos en esos cerdos". Y él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y todos los cerdos, unos dos mil, se precipitaron por el acantilado hacia el lago y se ahogaron.

Los que cuidaban los cerdos salieron huyendo y contaron lo sucedido, en el pueblo y en el campo. La gente fue a ver lo que había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al antes endemoniado, ahora en su sano juicio, sentado y vestido. Entonces tuvieron miedo. Y los que habían visto todo, les contaron lo que le había ocurrido al endemoniado y lo de los cerdos. Ellos comenzaron a rogarle a Jesús que se marchara de su comarca.

Mientras Jesús se embarcaba, el endemoniado le suplicaba que lo admitiera en su compañía, pero él no se lo permitió y le dijo: "Vete a tu casa a vivir con tu familia y cuéntales lo misericordioso que ha sido el Señor contigo". Y aquel hombre se alejó de ahí y se puso a proclamar por la región de Decápolis lo que Jesús había hecho por él. Y todos los que lo oían se admiraban.


Meditacion:

El ser humano ha experimentado siempre al dolor, la presencia del mal; todos nosotros hemos conocido personas especialmente sufrientes, con vidas disminuidas por flagelos físicos o psíquicos, a veces con las manifestaciones más extrañas. Según ámbitos y momentos culturales se ha intentado dar explicación del origen de esas situaciones. Nuestra sociedad secularizada busca causas científicas e intenta dar con las terapias pertinentes; pero experimenta que no puede explicarlo todo. Hablen, si no, los que han estado en una secta satánica y, cuando han querido salir de ella les ha sido imposible.

En la época de Jesús y de la Iglesia naciente se tendía a buscar explicación sobrenatural de los males: serían causados por los poderes diabólicos; Satanás sería una especie de anti-dios, que estaría dando al traste con una creación originariamente buena. Esa parece ser la mentalidad de Jesús y la del evangelista Marcos. Pero no faltaban otros intentos de explicación; algunos verían en el sufrimiento un castigo del Dios ofendido; “¿Quién pecó, él o sus padres?”, preguntan los discípulos ante el ciego de nacimiento (Jn 9,2s); pero a esa interpretación, sin ofrecer otra satisfactoria. Más cercano a nuestro tiempo parece estar Mateo cuando habla del niño atormentado; según Mc 9,17s el muchacho está dominado por un demonio mudo, que a veces “le tira al fuego y al agua”. Pero según Mt 17,15 el niño es víctima de influjo de la luna, y es él el que “se cae al fuego y al agua”.

A principios del siglo XX se lanzó por parte de cierta teología todo un programa de “desmitologización” del NT, de búsqueda del mensaje auténticamente cristiano traspasando la corteza cultural, “mítica”, en que nos llega envuelto. Indudablemente esta sigue siendo la gran tarea. Jesús y la Iglesia primitiva estaban condicionados por una determinada cultura, que, como tal, no se nos impone a los creyentes, ya que nada tiene de específicamente cristiana. Desmitologizar para ser mejores creyentes es apasionante.

Nuestra fe no nos obliga a atenernos a una determinada teoría respecto del origen del mal; ya el NT ofrece varias, o incluso “se abstiene”. Pero lo que el NT enseña inconfundiblemente es que las fuerzas del mal no están por encima de Dios, y que Jesús ha venido para que tengamos vida en abundancia (Jn 10,10). Él se presenta a sí mismo como el “más fuerte” dispuesto a encadenar al “simplemente fuerte” y arramblar con su ajuar (Mc 3,27); y dice expresamente que si él libera del flagelo demoníaco es que “el Reino de Dios ha llegado a nosotros” (Lc 11,20). Ante las curaciones realizadas por los discípulos misioneros exclama: “veía a Satanás cayendo del cielo como un rayo” (Lc 10,18), es decir, desposeído de su poder.

Cuando los supuestos espíritus malignos perciben la cercanía de Jesús tiemblan, pues saben que es más poderoso. El mensaje es claro aunque no matemático: la cercanía de Jesús es sanadora: “encontraron al hombre sentado, vestido y en su sano juicio” (Mc 5,15). Es normal que ese hombre curado y renovado quiera irse con Jesús. Pero él le pide otra forma de adhesión a su persona: que sea en su aldea, con los suyos, heraldo de la misericordia y el poder del Señor.

 

Friday, January 26, 2024

Sembrando el Evangelio


 Evangelio

Mc 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha".

Les dijo también: "¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra".

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.



Meditacion:

El Evangelio es para todos. La buena nueva no está hecha para ser conservada en una urna de cristal en el centro de nuestros templos. La buena nueva está para ser anunciada, transmitida, comentada, asimilada y hecha vida. La buena nueva está para ensuciarse en los caminos de barro de la historia. La buena nueva debe y puede traducirse a todos los idiomas y culturas. La buena nueva no excluye a nadie, no impone condiciones. La buena nueva es el anuncio de que Dios es nuestro Padre y nos ama más allá de nuestras limitaciones y miserias. La buena nueva no es para los santos, para los que ya son buenos –o creen serlo– sino que está abierta a los pecadores, a los malos, a los que sufren, a los que están en las cárceles y en los hospitales, a los que se sienten abandonados de todos y a los que sufren los bombardeos indiscriminados.

Timoteo y Tito pertenecen a esas muchas generaciones de cristianos que no enterraron el gran talento que sintieron que habían recibido: la buena nueva del Evangelio. En lugar de enterrarlo y esconderlo hicieron lo contrario: ponerlo al aire, difundirlo, traducirlo, comentarlo y favorecer el encuentro de otras personas con Jesús. No se avergonzaron de dar testimonio de nuestro Señor sino que hicieron de ello su timbre de gloria. Porque el mismo Evangelio les había dado no un espíritu de cobardía sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. Ahora nos toca a nosotros engancharnos a esa tradición y seguir siendo testigos no de nuestras buenas obras sino del Señor Jesús.

Thursday, January 25, 2024

Id y predicad...


 Evangelio

Mc 16, 15-18

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Éstos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: Arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos".



Meditacion:

«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16,15). Es la misionariedad de la fe. La fe o es misionera o no es fe. La fe no es una cosa sólo para mí, para que yo crezca con la fe: esto es una “herejía gnóstica”. La fe siempre te lleva a salir de ti mismo. Salir. La transmisión de la fe; la fe debe ser transmitida, debe ser ofrecida, especialmente con el testimonio: “Id, que la gente vea cómo vivís” (cf. v. 15). (…) Es tan tierno este pasaje del Evangelio. ¿Pero dónde está la seguridad? ¿Cómo puedo estar seguro de que al salir de mí seré fructífero en la transmisión de la fe? «Proclamad la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16,15), haréis maravillas. Y el Señor estará con nosotros hasta el fin del mundo. Él nos acompaña. En la transmisión de la fe, siempre está el Señor con nosotros. En la transmisión de la ideología habrá maestros, pero cuando tengo una actitud de fe que debe ser transmitida, está el Señor ahí que me acompaña. Nunca estoy solo en la transmisión de la fe. Está el Señor conmigo que transmite la fe. Lo prometió: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”

Wednesday, January 24, 2024

El sembrador


 Evangelio

Mc 4, 1-20

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago, y se reunió una muchedumbre tan grande, que Jesús tuvo que subir en una barca; ahí se sentó, mientras la gente estaba en tierra, junto a la orilla. Les estuvo enseñando muchas cosas con parábolas y les decía:

"Escuchen. Salió el sembrador a sembrar. Cuando iba sembrando, unos granos cayeron en la vereda; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, donde apenas había tierra; como la tierra no era profunda, las plantas brotaron enseguida; pero cuando salió el sol, se quemaron, y por falta de raíz, se secaron. Otros granos cayeron entre espinas; las espinas crecieron, ahogaron las plantas y no las dejaron madurar. Finalmente, los otros granos cayeron en tierra buena; las plantas fueron brotando y creciendo y produjeron el treinta, el sesenta o el ciento por uno". Y añadió Jesús: "El que tenga oídos para oír, que oiga".

Cuando se quedaron solos, sus acompañantes y los Doce le preguntaron qué quería decir la parábola. Entonces Jesús les dijo: "A ustedes se les ha confiado el secreto del Reino de Dios; en cambio, a los que están fuera, todo les queda oscuro; así, por más que miren, no verán; por más que oigan, no entenderán; a menos que se arrepientan y sean perdonados".

Y les dijo a continuación: "Si no entienden esta parábola, ¿cómo van a comprender todas las demás? 'El sembrador' siembra la palabra.

'Los granos de la vereda' son aquellos en quienes se siembra la palabra, pero cuando la acaban de escuchar, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.

'Los que reciben la semilla en terreno pedregoso', son los que, al escuchar la palabra, de momento la reciben con alegría; pero no tienen raíces, son inconstantes, y en cuanto surge un problema o una contrariedad por causa de la palabra, se dan por vencidos.

'Los que reciben la semilla entre espinas' son los que escuchan la palabra; pero por las preocupaciones de esta vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás, que los invade, ahogan la palabra y la hacen estéril.

Por fin, 'los que reciben la semilla en tierra buena' son aquellos que escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha: unos, de treinta; otros, de sesenta; y otros, de ciento por uno".



Meditacion:

Dicen que, cuando se sufre un ataque al corazón, hay partes de corazón que quedan necrosadas, como muertas. Ni reciben sangre que les alimente ni son capaces de colaborar al trabajo común de bombear sangre para el resto del cuerpo. Lo mismo podríamos decir del corazón –corazón en otro sentido, naturalmente– de otras personas a las que los golpes que da la vida han sido la causa también de que haya partes de su corazón que queden como muertas, incapaces de sentir afecto. A veces incluso llenas de odio o de rencor o de envidia.

Me gusta pensar que Dios con su palabra de consuelo, de amor y misericordia se parece al sembrador de la parábola que es capaz de derrochar su simiente en las partes de su campo que están llenas de piedras. ¿Se han dado cuenta de que el sembrador no tiene ni de lejos una mentalidad capitalista? Cualquiera le diría que es inútil echar la simientes en las zonas de piedras, en los caminos o en las zarzas. Ahí no va a crecer nada. Eso es tirar el dinero.

Pero el sembrador de la parábola se parece Dios. O quizá habría que decir que es Dios el que se parece al sembrador. No mide mucho los resultados. Su acción, su forma de ser, está dominada por la generosidad, la gratuidad sin medida y sin condiciones, la misericordia, el amor. El sembrador-Dios no pierde nunca la esperanza en que la semilla crecerá y que del suelo más árido, seco e infértil terminará brotando la vida. El sembrador no está buscando resultados. No hace evaluaciones a fin de año para, teniendo en cuenta los resultados de la cosecha, planificar donde tiene que echar la semilla/palabra el año siguiente. Simplemente es así. Y no puede ser de otra manera.

Ahora podemos echar una mirada a las partes necrosadas o heridas de nuestro corazón. Y las podemos mirar con la misma mirada de Dios, con su esperanza y su cariño. Somos sus criaturas. Y más allá de nuestros méritos o deméritos, de nuestras heridas, más allá de los cadáveres que a veces tenemos escondidos en nuestros armarios, está siempre el amor de Dios, su generosidad, su gratuidad sin condiciones, que es capaz –eso es la fe– de hacer brotar la vida allá donde nuestros cálculos y nuestros datos nos dicen que es imposible.

Una ultima nota: esto dicho es válido para nuestros corazones –el mío y el tuyo, estimado lector– y para los de los demás, de todos los demás. Porque todos somos sus hijos amados.


Tuesday, January 23, 2024

Parientes

Evangelio

Mc 3, 31-35

En aquel tiempo, llegaron a donde estaba Jesús, su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron: "Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan".

Él les respondió: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?" Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: "Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre".



Meditacion:

Estamos demasiado acostumbrados a leer el Evangelio. Nos resuenan ya en los oídos las palabras de Jesús. Y las interpretamos de acuerdo con lo que nos han enseñado desde pequeños. Pero, de cuando en vez, conviene hacer el esfuerzo de ponernos en situación, en aquel momento en que Jesús las pronunció, en aquel contexto. Y escucharlas como si fuera la primera vez. Estoy seguro de que las palabras de Jesús en el testo evangélico de hoy nos sonarían de otra manera. Imaginemos a Jesús al que dicen que afuera están su madre y sus hermanos, ¡su familia!. La respuesta de Jesús es tremenda: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?” No se queda contento con una afirmación que suena a repudio. Textualmente viene a decir que no les conoce. Más incluso, que no les quiere conocer. Porque él, Jesús, tiene una nueva familia. Son los que le escuchan, el corro de los que están sentados en torno a él. A ellos les mira cuando dice las siguientes palabras: “Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”.

Repito: hay que hacer el esfuerzo de hacer como si estas palabras resonarán en nuestros oídos por primera vez. No valen interpretaciones como decir que en realidad está haciendo una alabanza mayor a su madre, que no lo es tanto por haberle dado la vida física sino por cumplir la voluntad de Dios. La realidad es que Jesús deja de lado la relación carnal. Diríamos que carece valor para él. Es duro decirlo así pero es lo que Jesús da a entender con sus palabras.

Parece que Jesús quiere decir que en el Reino hay una nueva relación que es más importante que la carnal de madre a hijo o entre hermanos. Los que cumplen la voluntad de Dios de trabajar por la justicia y la fraternidad constituyen una nueva familia. Es la verdadera familia. Porque Dios, el libertad, el autor de la vida, el padre de todos, es el centro de esa familia. Todo lo demás queda en suspenso, hay que dejarlo atrás. Porque lo nuevo, el Reino, impone su ley. No valen componendas ni atajos. No vale espiritualizar las palabras de Jesús. Lo que vale es seguirle y entrar en la dinámica del Reino, de la verdadera fraternidad de los hijos e hijas de Dios que no excluye a nadie. Y donde el lazo de unión es ese “cumplir la voluntad del Padre” que quiere la vida de todos sus hijos.

 

Generacion

Evangelio Lucas 7, 31-35 En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se p...