Monday, June 29, 2026

Pedro & Pablo

Evangelio

Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.

Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.



Meditacion:

Hoy es una fiesta grande. Celebramos la vida de dos personas, dos personajes, que son dos “grandes” del cristianismo: San Pedro y San Pablo. Tan diferentes en su origen, en su camino, en su manera de ver las cosas… y los dos son pilares de la Iglesia.

Pedro… pescador, llano, del pueblo. La misma impulsividad para confesarle –“Tú eres el Mesías”- que para rechazar sus caminos de cruz. La misma generosidad para dejarle la barca que para ofrecerse a dar la vida por él. La misma sinceridad para intentar salvar el pellejo negándole que para llorar amargamente por haberle negado… Jesús le llamó “piedra”, pero también “satanás”. Al final, esa mirada que lo comprende todo y nada condena le rehabilitó, le levantó y le puso en su sitio: ni tan arriba, ni tan abajo. Y desde ahí, como hermano de sus hermanos, pudo seguir caminando, sirviendo a la Iglesia, hablando, discutiendo, haciendo las obras de Jesús, luchando, entregándose…

Pablo… judío donde los haya. Fariseo y perseguidor de la Iglesia en sus orígenes. Lo tenía todo muy claro… hasta que Dios le tocó el corazón y los ojos y todo quedó patas arriba. Tardó un tiempo en recolocarse. Pero cuando lo hizo, abrazó el nuevo camino con el mismo ardor que el anterior. Predicó a unos y a otros. Escribió a muchos. Hizo equipo con otros. Discutió y concilió. Suscitó y acompañó la fe de muchas comunidades. Y cuando le tocó dar la vida, no se la guardó…

Pedro y Pablo. Tan distintos. Al final, la vida les unificó: en su amor a Cristo, en su celo por llevar a otros la Buena Noticia, en su muerte violenta a causa de la fe.

Hoy también hay muchos cristianos que caminan, caen, se levantan… que combaten su combate y corren hacia la meta. Con distintos acentos. Unidos en las diferencias, comulgando en lo importante.

Tú también puedes ser uno de ellos. Por eso, hoy también es tu día.

Felicidades, y a seguir caminando

 

Saturday, June 27, 2026

No soy digno...


 Evangelio

Mateo 8, 5-17

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un oficial romano y le dijo: “Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama, paralítico, y sufre mucho”. El le contestó: “Voy a curarlo”.

Pero el oficial le replicó: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; cuando le digo a uno: ‘¡Ve!’, él va; al otro: ‘¡Ven!’, y viene; a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace”.

Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: “Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos. En cambio, a los herederos del Reino los echarán fuera, a las tinieblas. Ahí será el llanto y la desesperación”.

Jesús le dijo al oficial romano: “Vuelve a tu casa y que se te cumpla lo que has creído”. Y en aquel momento se curó el criado.

Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Entonces la tomó de la mano y desapareció la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirles.

Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él expulsó a los demonios con su palabra y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: Él hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores.



Meditacion:

Hoy el Evangelio nos ofrece el relato donde se dice una de las frases que decimos en la Eucaristía: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará…”.

Es un centurión romano que tiene un criado enfermo. Se acerca. Le pide. Y ante el intento de Jesús de ir a su casa, le dice que no es digno, que basta con que diga una palabra para que su criado se cure. Y Jesús alaba su gran fe, frente a los que se consideran “ciudadanos del Reino” y no son capaces de tanta confianza. Y ante su fe y por la palabra de Jesús, sucede lo que deseaba.

Cada vez que en la Eucaristía decimos las palabras del centurión, estamos diciendo cosas importantes. Le decimos a Dios que no somos dignos; que todo lo que tenemos es gracia: la vida, la fe, la vocación… No es por nuestros méritos, sino por su gracia somos lo que somos. Le decimos a Dios que necesitamos ser sanados, ser levantados, ser enviados, más allá de nuestra postración, de nuestros egoísmos, de nuestras inercias. Y le decimos que confiamos en que su Palabra, dicha sobre nosotros, puede obrar ese milagro.

Jesús nos invita a su cena. Cada semana, cada día. Nosotros, aunque indignos, podemos acoger su invitación y sentirnos dichosos de sentarnos a su mesa. En ella, como hace 2000 años, quiere darnos su vida, para que después la repartamos a manos llenas.

Gracias, Señor, por la vida.

Gracias por la Eucaristía.

Y gracias por la fe.

Todo es gracia.

Todo me lo das para agraciar a otros

Friday, June 26, 2026

Curado


 Evangelio

Mateo 8, 1-4

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó de la montaña, lo iba siguiendo una gran multitud. De pronto se le acercó un leproso, se postró ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciéndole: “Sí quiero, queda curado”.

Inmediatamente quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: “No le vayas a contar esto a nadie. Pero ve ahora a presentarte al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés para probar tu curación”.



Meditacion:

En Jesús, las palabras y las acciones van siempre unidas. Porque su vida estaba unificada, en su relación única y profunda con el Padre.

Hoy le vemos haciendo lo que hizo durante toda su vida: sanar, dar vida. Entre toda la gente que le seguía, en medio de toda su ocupación, Jesús acoge al que se le acerca pidiéndole la salud. Era uno de los considerados “impuros”. Y Jesús, rompiendo las convenciones de su tiempo, le toca y le dice: “¡Quiero, queda limpio!”.

Jesús cumple así lo escrito siglos atrás: “sanar corazones desgarrados y vendar las heridas”. Durante su vida, lo hizo con sus palabras y con sus acciones. Ha tocado el dolor de la humanidad para redimirlo. Lo hizo suyo, especialmente en la cruz. Era necesario que fuera así, porque “lo que no es asumido, no es redimido”.

Desde entonces, ningún dolor está “dejado de la mano de Dios”; todas las situaciones, todos los sufrimientos, personales y comunitarios, está acompañados por el Espíritu de Aquel que nos amó y se entregó por nosotros.

Jesús quiere hoy también sanar nuestro corazón y nos envía a colaborar con Él en su obra sanadora, acercándonos y tocando a los “leprosos” y marginados de hoy.

Thursday, June 25, 2026

Señor, señor!


 Evangelio

Mateo 7, 21-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No todo el que me diga: '¡Señor, Señor!', entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Aquel día muchos me dirán: '¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?' Entonces yo les diré en su cara: 'Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal'.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente".

Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.



Meditacion:

¿Te has preguntado alguna vez qué significa en verdad ser cristiano? Si viniera un extraterrestre y no supiera nada del asunto, ¿qué le dirías? Textos, tradiciones, gestos, ritos, costumbres, prácticas… ¿cómo se lo resumirías en unas pocas palabras?

En los tiempos de Jesús, también se preguntaban por algo parecido –aunque entonces no hablaran de extraterrestres: ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?. O en versión personalizada: ¿qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?…

Y Jesús, al que le preguntaba, le respondía con claridad. Hoy ofrece una buena respuesta: “no todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en el cielo”.

Porque no vale “profetizar”, “echar demonios”, “hacer milagros” en su nombre… hablar mucho, rezar mucho, ir mucho a misa, ir de bueno… si falta lo principal: amar a Dios y al prójimo como a uno mismo.

Lo más grande es a la vez lo más sencillo: “ama y haz lo que quieras”, dijo San Agustín. Vivir desde ahí, desde el amor recibido de Dios, en acogida de la propia realidad, en solidaridad con los prójimos y en agradecimiento al mismo Dios, eso es tener la casa bien plantada, bien edificada. Ya pueden venir vientos y mareas, que, aunque notes el movimiento, aguantas el temporal.

Sin ese amor, nada vale. Con ese amor, todo –textos, ritos, prácticas… y vida- todo cobra un valor y tiene un sentido.

Si alguien te preguntara qué significa en verdad ser cristiano, tú, ¿qué le responderías?…

Wednesday, June 24, 2026

Juan el Bautista


 Evangelio

Lucas 1, 57-66. 80

Por aquellos días, le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande misericordia, se regocijaron con ella.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso, diciéndoles: “No. Su nombre será Juan”. Ellos le decían: “Pero si ninguno de tus parientes se llama así”.

Entonces le preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamara el niño. Él pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”. Todos se quedaron extrañados. En ese momento a Zacarías se le soltó la lengua, recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.

Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos y en toda la región montañosa de Judea se comentaba este suceso. Cuantos se enteraban de ello se preguntaban impresionados: “¿Qué va a ser de este niño?” Esto lo decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él.

El niño se iba desarrollando físicamente y su espíritu se iba fortaleciendo, y vivió en el desierto hasta el día en que se dio a conocer al pueblo de Israel.



Meditacion:

Hoy, 24 de junio, celebramos la solemnidad del Nacimiento de san Juan Bautista. Con excepción de la Virgen María, el Bautista es el único santo del que la liturgia celebra el nacimiento, y lo hace porque está íntimamente vinculado con el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. De hecho, desde el vientre materno Juan es el precursor de Jesús: el ángel anuncia a María su concepción prodigiosa como una señal de que «para Dios nada hay imposible» (Lc 1, 37), seis meses antes del gran prodigio que nos da la salvación, la unión de Dios con el hombre por obra del Espíritu Santo. Los cuatro Evangelios dan gran relieve a la figura de Juan el Bautista, como profeta que concluye el Antiguo Testamento e inaugura el Nuevo, identificando en Jesús de Nazaret al Mesías, al Consagrado del Señor. De hecho, será Jesús mismo quien hablará de Juan con estas palabras: «Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, para que prepare tu camino ante ti. En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él»

Saturday, June 20, 2026

Providencia


 Evangelio

Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.

Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?

¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en todo el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?

No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas”.



Meditacion:

Dios es padre, no abuelo. A veces (y frecuentemente) sí concede caprichos, pero si no lo hace no es porque no ame, sino porque no es lo que necesitamos. Nunca nos va a abandonar y, por lo tanto, no tenemos que preocuparnos, porque siempre vamos a tener lo que necesitamos. Podríamos preguntarnos: ¿acaso necesitan los pobres no tener dinero? ¿acaso alguien necesita un cáncer? ¿acaso necesita una madre que su hijo muera a causa de la violencia o de enfermedad? ¿acaso necesita alguien tener dolores físicos? La respuesta a estas preguntas, evidentemente, será que no. Pero Dios sí da lo que se necesita: mover los corazones de otros al auxilio, la iniciativa propia para luchar por la mejoría de las condiciones; la fortaleza para soportar lo que llegue; la paz; el espíritu de servicio para auxiliar a otros; la esperanza. Es decir, todos los dones y los frutos del espíritu.

Lo que da el Señor, que es lo que necesitamos es esa seguridad que proclama el salmista: mantendré el amor de mi Señor. Y lo que da, sobre todo, una y otra vez, es la llamada a no abandonar a Dios que se intuye en la lectura de Crónicas y se dice claramente en el evangelio de hoy: nadie puede servir a dos señores. Es decir, se llama a depender totalmente del Señor que da lo necesario y a veces los caprichos. El Dios que, por amor, no cede al chantaje emocional, sino a su corazón de Padre justo. A quien cuida del pajarillo y de la flor del campo. Para quien somos hijos amados y mimados, aunque no consentidos. A su inmensa y eterna Providencia

Thursday, June 18, 2026

Padre Nuestro


 Evangelio

Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración, no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes pues, oren así:

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre,

venga tu Reino,

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en tentación

y líbranos del mal.

Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.



Meditacion:

La aclamación antes del Evangelio de hoy dice que hemos recibido “el espíritu de adopción” que nos permite decir Abba. Y que lo podemos decir con tanta seguridad porque, al haber sido adoptados sabemos que jamás seremos rechazados. Y también que hemos dejado atrás, hemos roto totalmente con nuestra antigua familia (la del pecado original). Y ya nuestra herencia no será el pecado, sino el amor de Dios. Y por lo tanto, la única oración que nunca puede caer de nuestros labios es la del Unigénito. Porque en él, estamos todos recogidos y adoptados.

Las siete peticiones del Padrenuestro son las de hijos adoptados legítimamente: reconocimiento y honor del padre (santificado sea tu nombre), asentamiento en el hogar, (venga a nosotros tu Reino), obediencia al padre (hágase tu voluntad), alimento (danos hoy nuestro pan de cada día), perdón recibido y extendido a los demás miembros de la familia, protección del mal. Es todo lo que hace la familia: respetarse unos a otros, obedecer (es decir, escuchar y actuar en consecuencia), nutrir, proteger, y mantener unas relaciones en las que naturalmente se pide perdón y se dan las gracias.  Y, al sabernos parte de esa familia, en ese espíritu de adopción, podemos decir con el salmista: alegráos, justos, en el Señor. De ahí viene toda alegría. Somos hijos adoptivos y podemos llamar a Dios con la palabra más familiar: papá, Abbá.

Generacion

Evangelio Lucas 7, 31-35 En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se p...