Thursday, April 15, 2021

Cosas de Dios

 

Evangelio

Jn 3, 31-36

“El que viene de lo alto está por encima de todos; pero el que viene de la tierra pertenece a la tierra y habla de las cosas de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. Da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Aquel a quien Dios envió habla las palabras de Dios, porque Dios le ha concedido sin medida su Espíritu.

El Padre ama a su Hijo y todo lo ha puesto en sus manos. El que cree en el Hijo tiene vida eterna. Pero el que es rebelde al Hijo no verá la vida, porque la cólera divina perdura en contra de él’’.


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Meditacion:

No muchas personas, al salir de prisión, regresarían al lugar de la escena del crimen para cometerlo de nuevo. Sin embargo eso fue lo que los apóstoles hicieron. Las autoridades les dieron una orden directa de no enseñar sobre Jesús, pero parece que eso no podía detenerlos. Habiendo sido liberados de la cárcel, todo lo que ellos deseaban hacer era obedecer la orden de Jesús de predicar su buena noticia a la gente.

¡Qué gran ejemplo de una perseverancia llena de fe! Desde luego, es poco probable que nosotros nos enfrentemos a la amenaza de ser encarcelados por nuestra fe, pero existe más de una clase de prisión que nos impide compartir la fe que profesamos. Fácilmente podemos sentirnos atrapados por el temor al fracaso o por una resistencia natural a exponernos. ¿Cómo podemos liberarnos entonces de estas prisiones?

La primera cuestión y la más importante que todos necesitan recordar sobre la evangelización es que es una obra de encuentro humano, no de argumentación lógica. A menudo, el “argumento” más convincente que alguien puede ofrecer es el cuidado y la preocupación auténtica por alguien más.

Esto puede ser más sencillo de lo que piensas. Palabras como “encuentro” pueden sonar terriblemente técnicas o demandantes, pero simplemente se refiere a conocer a otra persona y gradualmente compartirle tu vida. Es la forma en la que Jesús se acercó a la gente a la que evangelizó, mostrando un interés genuino y ofreciéndoles una mirada a la razón de su propia alegría, confianza y paz.

¿Qué puede significar esto para ti? Recuerda que Jesús dijo que él vino a dar testimonio de lo que había visto (Juan 3, 31). Eso también es suficiente para ti. ¿Qué has “visto”? ¿Un Dios que te perdonó cuando tenía derecho a abandonarte? ¿Un Salvador que escuchó tu súplica por tu ser querido y le dio consuelo? ¿La capacidad para reparar una relación rota o reconciliarte con un familiar?

Compartir tu fe no requiere mucho de ti, solamente la decisión de salir de la prisión de tu propia falta de confianza. Y eso sucede cuando das el primer paso e inicias una conversación. Solo iníciala, y mira a dónde te lleva el Espíritu Santo.

“Espíritu Santo te ruego que me des la valentía para hablar de Jesús a otras personas.”

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