Evangelio
En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me diste; yo velaba por ellos y ninguno de ellos se perdió, excepto el que tenía que perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y mientras estoy aún en el mundo, digo estas cosas para que mi gozo llegue a su plenitud en ellos. Yo les he entregado tu palabra y el mundo los odia, porque no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Así como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Yo me santifico a mí mismo por ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad’’.
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Meditacion:
¿Qué le pedirías a Dios si estuvieras enfrentando una muerte dolorosa? ¿Fortaleza? ¿Paz? ¿La gracia para soportarla? Jesús rezó por sus amigos pues quería cuidar lo que él había comenzado en el corazón de ellos. El Señor deseaba que su obra continuara y diera fruto hasta el día en que ellos se reunieran con él.
¿Sabes qué? Jesús nos incluyó a nosotros en su oración. ¡Te incluyó a ti! Con amor y compasión, le pidió a su Padre: “Cuídalos en tu nombre, líbralos del mal, santifícalos.”
Cuídalos: Jesús pidió a su Padre que te guardara para él. ¡El Señor lo hará! Tu Padre celestial nunca te abandonará, nadie puede separarte de su mano. Por lo tanto, siéntete en libertad de hablar con él sobre tus esperanzas y temores, tus fortalezas y debilidades. Dedica tiempo a estar en su presencia y escuchar su voz.
Líbralos del mal: Jesús sabe lo que puede amenazar la buena obra que él ha iniciado en ti. Así que pidió particularmente al Padre que te protegiera de esas cosas. En medio de las pruebas, la enfermedad y las decepciones, Dios no solo defenderá tu fe; te ayudará a que aumente y prospere. Eso se debe a que no es solamente “tu” fe, es su vida en ti. Sin importar lo que estés enfrentando, puedes caminar en la libertad y confianza de saber que el Padre está contigo en todo momento. Esta tarde, repasa los eventos del día; pídele al Espíritu Santo que te muestre en qué momentos te protegió y te ayudó a crecer.
Santifícalos: A su plegaria por nuestro bienestar, Jesús añadió otra petición. Le pidió al Padre que nos santificara y nos dedicara a un propósito específico. El Señor se refería a todos, no solamente a los excepcionalmente talentosos, a los sobresalientes y a los naturalmente hábiles. ¡Tú has sido escogido! Tu vida aquí no es un accidente, tampoco es inútil o insignificante. Tu vida ha sido ordenada por Dios para una misión que solamente tú puedes cumplir.
Jesús te ama y cuida de ti. Lee de nuevo el Evangelio de hoy e inserta tu nombre cuando Jesús habla de aquellos que el Padre le ha dado. Luego alábalo por amarte tan profundamente.
“Gracias, Padre, por el amor y el cuidado que tienes por mí. Te suplico que me ayudes a confiar en los planes que tienes para mí.”
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