Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.
Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra no será tu propia oscuridad!”
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Meditacion:
En el texto evangélico de hoy san Mateo nos recuerda las palabras que dijo Jesús a sus discípulos: «No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo,… porque donde está tu tesoro allí está tu corazón ”.
San Pablo recordó estas palabras: “Hay más dicha en dar que en recibir” Este proverbio de Jesús parece que Pablo lo aprendió de otros cristianos. Y es que los seres humanos hemos sido hechos para dar y para darnos. Nuestra vida cambiaría si pudiéramos comprender que - como el árbol - no estamos hechos para comernos nuestros propios frutos, sino para donarlos como alimento a otros.
La generosidad es algo que se mueve en un plano horizontal, si nos va bien, hay que ayudar a otros a que les vaya bien. La generosidad es
compartir mis recursos.
La capacidad de compartir no está ligada a la abundancia de recursos, sino a la generosidad del corazón. La persona generosa, aun cuando atraviese períodos de escasez, encuentra en su interior la fuente del gozo porque - como nos pasa Jesús - “hay más alegría en dar que en recibir”.
La raíz de la tristeza y la soledad que viven muchas personas está en su incapacidad dar, de compartir.
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