Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y doctores de la ley: “¡Ay de ustedes, que les construyen sepulcros a los profetas que los padres de ustedes asesinaron! Con eso dan a entender que están de acuerdo con lo que sus padres hicieron, pues ellos los mataron y ustedes les construyen el sepulcro.
Por eso dijo la sabiduría de Dios: Yo les mandaré profetas y apóstoles, y los matarán y los perseguirán, para que así se le pida cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que fue asesinado entre el atrio y el altar. Sí, se lo repito: a esta generación se le pedirán cuentas.
¡Ay de ustedes, doctores de la ley, porque han guardado la llave de la puerta del saber! Ustedes no han entrado, y a los que iban a entrar les han cerrado el paso’’.
Luego que Jesús salió de allí, los escribas y fariseos comenzaron a acosarlo terriblemente con muchas preguntas y a ponerle trampas para ver si podían acusarlo con alguna de sus propias palabras.
Meditacion:
La tensión es grande entre Jesús y los dirigentes religiosos. Es hora de persecución, de sufrimiento, de martirio. Primero fueron perseguidos los profetas del Antiguo Testamento, luego vino Jesús, llevado a la muerte, y, por fin, los seguidores de Jesús, tantos mártires en la Iglesia.
Los fariseos y maestros de la ley, ahora, quieren honrar a los mismos profetas que sus padres mataron, pero, en el fondo, se comportan de la misma manera: persiguiendo a los profetas, a los enviados de Dios, al mismo Jesús a quien mataron.
Dos “ayes” les dedica hoy Jesús: “¡Ay de vosotros!, que aprobáis lo que hicieron vuestros padres que mataron a los profetas”, “¡Ay de vosotros!, que os habéis quedado con la llave del saber”.
Los dirigentes religiosos identifican la sabiduría de Dios con su humano saber. Se sienten propietarios, no comunicadores, de la verdad de Dios. Por eso, la manipulan, la condicionan, echan a los demás “unos fardos” que ni ellos soportan ni son voluntad de Dios. Estos dirigentes se sienten tan seguros y cerrados sobre sí mismos que persiguen y matan a los profetas, a los enviados por Dios para señalar el camino de Dios, la salvación de todos. No aceptan la novedad que Jesús trae al mundo, metidos como están en sus ritos y formalismos.
Una conclusión elemental es que no siempre los caminos de los hombres se ajustan a los caminos de Dios. Que hay que discernir mucho. Decir en seguida que algo es voluntad de Dios resulta peligroso. Pensar que nuestro juicio moral sobre los acontecimientos sea el mismo de Dios es discutible.
Muchos cristianos son perseguidos, igual que Jesús y los profetas. La vida y la palabra de los profetas y apóstoles, con frecuencia, chocan con los egoísmos mundanos. Entonces, hemos de reflexionar: “Lo mismo hicieron con Jesús”. Y sus seguidores sacamos las consecuencias; necesitamos fe, fortaleza, audacia, perdón y testimonio. Si así lo hacemos, estaremos dispuestos ante lo que hoy se repite en el evangelio: el Señor nos pedirá cuentas.
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