Evangelio
En aquel tiempo, la multitud rodeaba a Jesús en tan gran número que se atropellaban unos a otros. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos:
“Cuídense de la levadura de los fariseos, es decir de la hipocresía. Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse. Por eso, todo lo que ustedes hayan dicho en la oscuridad, se dirá a plena luz, y lo que hayan dicho en voz baja y en privado, se proclamará desde las azoteas.
Yo les digo a ustedes, amigos míos: No teman a aquellos que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. Les voy a decir a quién han de temer: Teman a aquel que, después de darles muerte, los puede arrojar al lugar de castigo. Se lo repito: A él sí tienen que temerlo.
¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas? Sin embargo, ni de uno solo de ellos se olvida Dios; y por lo que a ustedes toca, todos los cabellos de su cabeza están contados. No teman, pues, porque ustedes valen mucho más que todos los pajarillos’’.
Meditacion:
La hipocresía, incredulidad, los juicios del corazón, el odio, el resentimiento, la lujuria y cualquier clase de deseo indigno, todo será puesto a la luz y se gritará desde las azoteas (Lucas 1, 23). Pensar en un secreto oscuro puede ser suficiente para arruinar tu día. Pero la verdad es que, todos guardamos secretos, esperando que nunca lleguen a revelarse. Como lo hicieron Adán y Eva cuando se cubrieron con hojas de higuera y corrieron a esconderse de Dios entre los árboles (Génesis 3, 7. 8), todos tratamos de esconder algo que nos hace sentir avergonzados y culpables.
Pero Jesús, el Buen Pastor, vino a traer buenas noticias, no malas. Y la buena noticia de hoy es esta: Tú eres valioso a la vista de Dios. “Ustedes valen mucho más que todos los pajarillos” (Lucas 12, 7). Si Dios conoce y valora a cada pajarito, y se venden cinco por no más de un centavo cada uno, ¡cuánto más te conocerá y cuidará de ti! El Señor te ama mucho y te valora tanto, que nunca será necesario que te escondas de él. Dios te conoce profundamente y el amor que tiene por ti es eterno.
Así que nunca le temas a Dios, nunca. Más bien, procura conocerlo, dedica tiempo a estar con él. Cuando asistas a Misa, agradécele por acogerte en su casa y en su presencia. Escucha con atención su palabra en la Escritura. Si no la entiendes, pídele al Espíritu Santo que te ayude. En el silencioso tiempo después de la Comunión, pídele al Padre que te dé una prueba de su amor. Dios se deleita en responder esas peticiones, porque se deleita en ti.
Conforme conoces cada vez más profundamente a Dios y el amor que tiene por ti, ese amor echará fuera el temor (1 Juan 4, 18). Siempre te estarás “cuidando”, pero no con la ansiedad de alguien que vive escondido. Al contrario, serás cuidadoso, al buscar en tu corazón cualquier cosa que amenace tu relación con él. Y cuando encuentres algo, querrás ponerlo a la luz inmediatamente en lugar de mantenerlo oculto. Vas a preferir resolverlo inmediatamente, a la luz de su amor, en lugar de que finalmente se haga público.
Permite que Dios te muestre todo lo que él puede hacer por ti, y con cuánta gentiliza y amor lo hará. ¡Tú vales mucho frente a sus ojos!
“Padre, reemplaza mi vergüenza y temor con el gran amor que tienes por mí, te lo ruego.”
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