Evangelio
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: “¿Qué deseas?” Ella respondió: “Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino”. Pero Jesús replicó: “No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que yo he de beber?” Ellos contestaron: “Sí podemos”. Y él les dijo: “Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado”.
Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos”.
Meditacion:
¿Qué podemos aprender de la historia de la vida del apóstol Santiago? Que Dios puede moldearnos en santidad, independientemente de nuestra personalidad. No importa si somos intensos o calmados, extrovertidos o tímidos, espontáneos o cautos. Lo que importa es que sigamos a Jesús y aprendamos de su ejemplo.
Esa es la razón por la que no debemos sentirnos desanimados por los rasgos de personalidad que creemos que son obstáculos para el discipulado. Dios nos hizo de esa forma con un propósito. Así como lo hizo con Santiago, Dios puede tomar cualquier aspecto que veamos como negativo y convertirlo en uno positivo redireccionándolo en una forma que sea edificante para su Reino.
Hermano, dedica unos minutos a elegir un rasgo de tu personalidad que creas que puede estarte impidiendo seguir al Señor más de cerca. ¿Cómo puede estarte invitando Jesús a usar ese rasgo de una manera que refleje su carácter? Recuerda, él no está interesado en cambiar quién eres. Pero conforme tú le permites moldearte y formarte, él puede —y lo hará— usar cada aspecto de tu personalidad para su gloria.
“Santiago, reza para que yo pueda aprender, como lo hiciste tú, a parecerme más a Jesús.”
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