Evangelio
En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó de que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer.
Pero el Señor le dijo: “Ustedes, los fariseos, limpian el exterior del vaso y del plato; en cambio, el interior de ustedes está lleno de robos y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? Den más bien limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio”.
Meditacion:
Un fariseo invitó a Jesús a cenar a su casa pero se escandalizó porque Jesús no respetó el ritual prescrito de lavarse las manos. Jesús respondió con unas palabras algo duras, ¡algo que normalmente no esperarías de un invitado! Pero eso no le importó; él estaba tratando de dejar una enseñanza. El Señor quería que sus discípulos, y todos los que estaban escuchando, comprendieran que la verdadera piedad consiste en algo más que acciones externas; también es sobre el estado de nuestro corazón. Y para purificar nuestro corazón, dijo Jesús, debemos dar limosna.
Pero, ¿cómo es que dar limosna nos “purifica” (Lucas 11, 41)? Consideremos la situación de los fariseos. Si hubieran aceptado de corazón las palabras de Jesús, habrían tenido una visión distinta. En lugar de criticar a Jesús por no seguir la ley al pie de la letra, se habrían centrado en las necesidades de las personas que los rodeaban. Su visión se habría expandido más allá de las normas y regulaciones del corazón de la ley. Aunque siguieran observando la ley judía, habrían podido estar más “limpios” entregándose por aquellos que pasaban necesidad.
Lo mismo es cierto para nosotros. Cuando damos limosna —ya sea nuestro tiempo, nuestra energía o nuestro dinero— podemos verlo como una forma de entregar a Dios algo que es precioso para nosotros. Si acudimos a Jesús con la voluntad generosa de darle a él lo que nos pertenece, podríamos sorprendernos de lo que sucede dentro de nosotros. Quizá experimentemos la nueva libertad para ver el mundo y a la gente que nos rodea con los ojos de Cristo. Esta nueva visión nos motivará a ser más generosos con nuestros compañeros de trabajo, nuestros amigos y vecinos o incluso en nuestra propia familia. Y esta nueva libertad nos impulsará a seguir más de cerca a Jesús de manera que podamos hacer lo que él nos está pidiendo de la mejor manera posible.
Hoy, pidamos al Señor que nos conceda la voluntad de dar limosna con alegría y entusiasmo, que podamos avanzar en esta nueva libertad tomados de su mano.
“Señor Jesús, te pido que me ayudes a centrarme en aquellos que pasan necesidad. Te ruego que limpies mi corazón para que yo pueda experimentar una nueva libertad en ti.”

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