Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”.
Entonces Pedro le preguntó a Jesús: “¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?”
El Señor le respondió: “Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente de la servidumbre con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso ese siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene.
Pero si ese siervo piensa: ‘Mi amo tardará en llegar’ y empieza a maltratar a los otros siervos y siervas, a comer, a beber y a embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada llegará su amo y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte de los desleales.
El siervo que conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá pocos.
Al que mucho se le da, se le exigirá mucho; y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más.
Meditacion:
El Evangelio de hoy comienza en el momento en que Jesús está finalizando de narrar una parábola y con ella nos advierte que siempre debemos estar preparados para su regreso. Observa la respuesta de Pedro a lo que Jesús les acababa de decir: “¿Dices esta parábola solo por nosotros o por todos?”
¿Por qué Pedro haría esta pregunta? Quizá pensaba que estar preparado para el regreso de Jesús era algo que ya podía sacar de su lista de pendientes. Después de todo, ya él era un seguidor de Jesús. ¿No era eso suficiente?
La respuesta de Jesús hace evidente que él espera más de Pedro, y también de nosotros. En lugar de responder a Pedro directamente, el Señor decide contar otra parábola, sobre el siervo que se aprovechó de la confianza de su señor e hizo el mal en su ausencia. Este relato puede provocar distintas preguntas. ¿Somos nosotros los siervos que deberíamos saber más? Si Jesús regresara hoy, ¿cómo nos juzgaría?
Aunque podemos decirnos a nosotros mismos que no somos tan malos como el siervo de la parábola, la realidad es que Jesús no desea que seamos complacientes. Es fácil caer en la misma trampa que condenó al sirviente. El señor estaba lejos, en el olvido. Nadie sabía cuándo iba a regresar, así que era fácil olvidar que realmente iba a regresar.
Debido a que no podemos ver a Dios, a veces es fácil olvidarnos de él. Otras cosas que suceden a nuestro alrededor ocupan nuestra atención, dejando menos para Dios. Podríamos pensar que tenemos mucho tiempo delante de nosotros, así que olvidamos dejar de lado los malos hábitos y hacer cambios que pueden acercarnos más al Señor. Pero no sabemos qué traerá el día de mañana. ¡Podríamos encontrarnos cara a cara con Jesús antes de lo que pensamos!
Puede ser tentador, como le sucedió a Pedro, preguntarse si esta parábola significa algo para nosotros, los fieles y los que rezamos. Y la respuesta corta es ¡sí! Nos han confiado mucho, así como al siervo de la parábola le habían dado mucho. Jesús nos ha encargado cuidar de su Iglesia así como de toda la creación. Conocemos la voluntad de nuestro Señor, y debemos asegurarnos de ocuparnos de sus asuntos.
“Amado Señor Jesús, te pido que me ayudes a estar preparado para recibirte cuando regreses.”

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