Evangelio
En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Este recibe a los pecadores y come con ellos”.
Jesús les dijo entonces esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse.
¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido’. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente”.
Meditacion:
Para mucha gente, el cristianismo es una auténtica locura. No tiene sentido ver a hombres y mujeres jóvenes que renuncian a su vida para vivir por Cristo e incluso para morir por él. Y tienen razón: El cristianismo es una auténtica locura; una locura que resulta de la superabundancia de amor que Dios muestra por la humanidad. Es una locura que es una imitación de la propia locura de Dios. En general, ¿qué pastor en su buen sentido arriesgaría a los noventa y nueve para ir en busca del único perdido? En la economía humana, no cuadra. O, ¿qué mujer puede acabar gastando más de lo que cuesta una moneda de plata, para celebrar el hallazgo de una moneda? Mientras que aquí en la tierra no podemos esperar a colgar a un criminal, la alegría del cielo no tiene límites cuando un pecador se arrepiente. Es este conocimiento el que hace que Pablo considere todo basura por la alegría de encontrar a Cristo, la locura de seguirlo.
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