Evangelio
Mc 1, 7-11
En aquel tiempo, Juan predicaba diciendo: "Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".
Por esos días, vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Al salir Jesús del agua, vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en figura de paloma, descendía sobre él. Se oyó entonces una voz del cielo que decía: "Tú eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias".
Por esos días, vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Al salir Jesús del agua, vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en figura de paloma, descendía sobre él. Se oyó entonces una voz del cielo que decía: "Tú eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias".
Meditacion:
Si vieras a Juan el Bautista desde una perspectiva mundana, lo considerarías un pobre reflejo de Jesús, Aquel a quien él anunció. Podrías verlo como un hombre rudo que predicaba el evangelio del castigo. Por el contrario, podrías pensar que Jesús era más suave, un amigo gentil que sonreía mientras curaba a las personas y les decía que se amaran unos a otros. Pareciera que Juan deseaba decirnos lo que habíamos hecho mal, pero Jesús quería ser nuestro amigo.
Pero, ¿se justifica este contraste? En la lectura del Evangelio de hoy, Juan es cualquier cosa menos un predicador obstinado. Todo lo que él quería era dirigir a las personas hacia Jesús, Aquel que había venido a darles el Espíritu Santo. Él le dijo a la gente que la razón de su llamado al arrepentimiento no se debía a que quisiera reprenderlos como si ellos fueran incapaces de cambiar. Más bien, era para que estuvieran preparados para recibir la salvación que Jesús había venido a ofrecerles. Lo más interesante es que, cuando Jesús aparece en escena, predica el mismo mensaje de arrepentimiento, ¡con exactamente las mismas palabras que usó Juan! (Marcos 1, 14-15). Pareciera que Juan se parecía más a Jesús de lo que pensamos.
La semejanza con Jesús puede darnos algo de perspectiva sobre nuestro propio llamado a predicar el evangelio. Nos dice que, al igual que Juan, nosotros también podemos experimentar el entusiasmo y la esperanza que encierra esta frase: “¡El Reino de Dios está cerca!” En el fondo, el evangelio es la buena noticia sobre un Dios que nos llama a estar a su lado. Es la buena nueva de un Padre misericordioso que quiere borrar todos los pecados de sus hijos y liberarlos de la culpa. Es la buena noticia de un Dios que desea recibirnos en su reino, ¡para siempre!
Es un gran privilegio ser llamado a hacer el mismo trabajo que Juan y Jesús hicieron. Es un gran privilegio mostrarles a las personas el camino hacia el reino de los cielos. Ya sea por medio de nuestras palabras o de nuestro ejemplo, podemos ser embajadores del Señor.
Entonces, ¿cuál es la buena noticia que vas a compartir hoy con otros? ¿Cómo vas a anunciar el Reino de Dios?
“Amado Señor Jesús, te pido que me enseñes a compartir tu buena noticia con los demás.”

No comments:
Post a Comment