Saturday, July 11, 2026

Recompensa


 Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 19,27-29:

En aquel tiempo, dijo Pedro a Jesús: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»

Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.»



Meditacion:

La experiencia de los apóstoles enviados por Jesús a predicar debió ser similar a la de la vocación de Isaías. También ellos experimentaron esa forma de temor de Dios ante Jesús y a causa de sus pecados, como leemos en Lucas 5,8: “apártate de mí, Señor, porque soy un pecador”. Y también ellos sintieron la fuerza del perdón purificador, como el ascua aplicada a los labios Isaías (“ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado”). Esa purificación los habilita para la misión: “Aquí estoy, mándame”; “No temas; desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5,10)

Pero la misión, como nos advertía Jesús en estos días, está erizada de dificultadas y oposiciones. Jesús hace esta advertencia recordando que él mismo se ha encontrado con ellas, y aquí, evidentemente, debemos entender una profecía de la cruz. Y esta certeza, iluminada por la resurrección, da confianza y despeja el temor. No tememos a las dificultades, ni siquiera a las amenazas de muerte. Y, si el único temor que debemos conservar es el temor de Dios, resulta que éste no es terror sagrado ni miedo, sino, precisamente confianza, porque este Dios del que depende nuestro cuerpo y nuestra alma, que, según las palabras de Jesús, puede destruirlos con el fuego, es, en realidad un Padre que se preocupa de nosotros, con mayor cuidado que el que muestra hacia todas sus criaturas, hasta las más insignificantes, con un amor maternal, como el de esas madres que cuentan los cabellos de sus hijos para despiojarlos (para purificarlos). Así pues, purificados con el fuego del amor de Dios, liberados de todo temor, podemos confesar nuestra fe en su Hijo, ponernos de su parte ante los hombres, sabiendo que él se pone de parte nuestra ante su Padre del cielo. No está de más la advertencia final de Jesús, que es una llamada a la responsabilidad: si Dios nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales (Ef 1, 3), habilitándonos para la misión, no podemos caer en la contradicción de negarlo ante lo hombres, sea con nuestro silencio, sea con el mal ejemplo de una vida contraria al Evangelio. 

No comments:

Post a Comment

Generacion

Evangelio Lucas 7, 31-35 En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se p...