Thursday, September 9, 2021

Perdonar

 

Evangelio

Lc 6, 27-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los difaman. Al que te golpee en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite el manto, déjalo llevarse también la túnica. Al que te pida, dale; y al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Traten a los demás como quieran que los traten a ustedes; porque si aman sólo a los que los aman, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores aman a quienes los aman. Si hacen el bien sólo a los que les hacen el bien, ¿qué tiene de
extraordinario? Lo mismo hacen los pecadores. Si prestan solamente cuando esperan cobrar, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores prestan a otros pecadores, con la intención de cobrárselo después.

Ustedes, en cambio, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar recompensa. Así tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno hasta con los malos y los ingratos. Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso.

No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida conque midan, serán medidos’’.


Meditacion:

Que nadie se atreva a decir que predicamos un evangelio de saldo de rebajas. Juntar perdón y enemigos es lo más difícil, lo más exigente, la cumbre de nuestro ideal moral. Es un acto revolucionario singular: antes de cambiar el mundo, nos cambiamos a nosotros mismos. El mundo repite: “Al enemigo, ni el agua”, “Ni cordero ``recalentao´´, ni enemigo ´´reconciliao´´”. Pero Jesús dijo en la cruz: “Perdónales, no saben lo que hacen”. Y nosotros lo repetimos en el Padrenuestro.

Al igual que en un análisis de texto en la escuela, nos fijamos: 1) Los verbos que nos exhortan a hacer: amad, bendecid, orad. 2) ¿Quiénes son los objetos de tanta bondad?: nuestros enemigos, quienes nos maldicen. 3) Todavía sobrecogidos, nos pone Jesús unas imágenes: pon la mejilla al que te abofetea, dale la túnica a quien te quita la capa. 4) Estas son la razones de Jesús: lo contrario, amar solo a los amigos, es cosa de paganos y pecadores. Dios es bueno con los malvados y desagradecidos. Es decir, amar a todos sin condiciones, amar a todos sin excepción.

Este comportamiento moral es muy difícil, nos parece sobrehumano.  Nos desbordan estas palabras de Jesús. Por respeto, no las suprimimos, cuando las proclamamos en misa, pero, ¿bajan a nuestro corazón? Estamos tan acostumbrados al ojo por ojo… Es cierto que, humanos somos, hay que comprender al que está muy herido, y se siente incapaz de perdonar. En todo caso -sin rebajas- de entrada, no se pide colmar de bendiciones al enemigo, pero sí cultivar una actitud buena hacia él.

A los hombres, también a los cristianos, nos viene antes la justicia humana que la misericordia evangélica. Cuando nos llega la ira y el odio, el corazón nos convoca a la venganza. Y no es condición para el perdón el que el otro se arrepienta, como una justicia conmutativa. Dios hace salir el sol sobre buenos y malos, igualmente.

Otorgar el perdón nos libera de todo rescoldo malo, nos humaniza, nos hace más felices. La durísima y liberadora experiencia del encuentro de víctimas y victimarios de ETA lo atestigua. El amor gratuito cambia nuestra vida. Saber ceder, aunque poseamos el derecho, hablar al que no nos habla, acudir a los momentos tristes de otro que no acude a los nuestros, buscar la paz cuando se rompe el amor entre dos, y tantas ocasiones, prueba muy bien que somos hijos de Dios. Ya que es tan difícil, recemos con la liturgia: “Te damos gracias, Padre, porque tu Espíritu mueve los corazones para que los enemigos vuelvan a la amistad y los adversarios se den la mano.

Que el perdón venza al odio y la indulgencia a la venganza”. Amen. Amén.

Wednesday, September 8, 2021

El cumple de Nuestra Madre

 Mt 1, 18-23

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.


Meditacion:

Hay nace la Virgen María. Es el cumpleaños de la Madre de la Iglesia. Un niño que nace revoluciona toda la familia. Eso nos ocurre ahora a nosotros. La liturgia, que es la oración propia de toda esta familia que es la Iglesia, abandona su tradicional austeridad, y se deja llevar por la alegría de la fiesta. Como una ambientación del día y una invitación al cumpleaños, vamos a abusar un poco de las citas litúrgicas: “Celebremos con alegría el Nacimiento de María, la Virgen; de ella salió el sol de justicia: Cristo, nuestro Dios”, dice la entrada de la Misa. “Cuando nació la santísima Virgen, el mundo se iluminó”, canta la antífona de Laudes. “Que se alegre tu Iglesia y se goce en el Nacimiento de la Virgen María, aurora de salvación”, insiste la oración de la Misa. En fin, para no alargarnos, acudimos a Lope de Vega que canta así: “Hoy nace una clara estrella, tan divina y celestial,  que, con ser estrella es tal,  que el mismo Sol nace de ella”.

Como siempre, para darle la luz verdadera, miramos a María en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Hoy nace la carne limpia, la casa de oro, la casa encendida donde Dios plantará su tienda; esta niña que nace será la morada de Dios. Es decir, la maternidad divina de la Virgen ilumina y da sentido a toda su vida. Para volver, otra vez, a las imágenes bellas, con la oración de la Iglesia, vislumbramos a la Virgen María como Aurora luciente que dará a luz al Sol de justicia, Cristo, el Salvador de los hombres.  El Evangelio de hoy nos cuenta una genealogía muy convencional. Al final de las promesas, el Mesías prometido. No falta, en esta genealogía, la sombra del pecado y la paganía; mujeres como Tamar, Rajab, Rut, Betsabé, evocadoras del mal, dejan paso a otra mujer, María “de la cual nació Jesús”. La carne de María es la carne de Jesús.

Al comienzo dela vida de Jesús entre nosotros lo hemos llamado siempre, misterio de la “Encarnación”.  Es decir, “Jesús se hace carne, y habita entre nosotros”.  Y esta carne, lo repetimos, es la carne de María. Con María, logramos a este Dios cercano, vecino de los hombres, solidario con tantas penas y dolores. Encarnación que nos permite tocar a Dios, celebrarlo en su Muerte y Resurrección, escuchar su palabra, “desayunar con él  junto al lago” después de resucitar, comer su cuerpo y beber su sangre, tocar sus llagas como Tomás.

Si estamos de cumpleaños, estamos de alegría. Hay que celebrarlo y festejarlo. También le damos el regalo que prueba nuestro amor a ella. ¿Y qué regalo se nos ocurre hoy? Que cada uno se pregunte, ¿qué quiere la Virgen de mí? ¿Qué me pide? Hoy no podemos negarle nada. Esta alegría florece en nuestra tierra en forma de romerías y fiestas populares. Muchas, muchas ciudades y regiones celebran, hoy,  a María, bajo el nombre de mil advocaciones.

Tuesday, September 7, 2021

Jesus en accion

 

Evangelio

Lc 6, 12-19

Por aquellos días, Jesús se retiró al monte a orar y se pasó la noche en oración con Dios.

Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago, el hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Al bajar del monte con sus discípulos y sus apóstoles, se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y Jerusalén, como de la costa, de Tiro y de Sidón. Habían venido a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.



Meditacion:

Qué bien se organiza la vida Jesús. Y sin recurrir a muchos proyectos, papeles, documentos o reuniones. Lo tiene claro y elemental: ora, vive con su comunidad de discípulos y sale a la calle a evangelizar, predicando el Evangelio y haciendo bien a la gente. Así de sencillo, así de fecundo.

Gráficamente, podemos distinguir dos planos, el monte y el valle. El monte es, ante todo,  el lugar de la oración, de dirigirse al Padre, de momentos de amistad y de encuentro. Y sin prisas, “paso la noche entera”. En este clima, cuando llega la luz del día, elige a los suyos, a los doce. Gente sencilla, pobre, con escasos recursos personales, tocados de cierto nacionalismo excluyente. Hasta figura el traidor, el Iscariote, que le entregará al enemigo. Luego, poco a poco, los irá cambiando; su presencia, constante y activa, los trasformará. Desde luego, derribando fronteras y murallas para abrirlos a un destino universal. “Con ellos”, con estos apóstoles, bajará al valle. Aquí se escenifica la secuencia: Está Cristo, el Maestro; los apóstoles, el círculo más íntimo; luego, el grupo de discípulos; por fin, el pueblo entero, incluso venidos de lejos, los extranjeros de Tiro y Sidón. Solo falta ya comenzar la actividad evangelizadora: predicar y sanar, con la “fuerza que salía de él y curaba a todos”.

Miramos la escena, y lo tenemos fácil, -parece- a la hora de discernir cómo hemos de componer nuestra vida. Pues, no. Resulta terriblemente arduo y laborioso dar unidad a nuestra vida: saber conjugar la oración, el vivir con los más cercanos y derramarse en actividad, haciendo el bien a todos. La dispersión nos puede; hacemos muchas cosas, pero no somos fecundos, nos falla la raíz. Por lo menos, no nos engañemos y tomemos conciencia de ello. Afirmemos de corazón que “estar con Él”, la adoración, el trato íntimo -como en Jesús- es lo primero; aquí nos alimentamos y tomamos fuerza para lograr algo que ofrecer, algo que decir y la manera de hacerlo. Tengamos confianza: Jesús nos ha elegido, es gesto de amistad personal. Él lo hará todo en nosotros y a través de nosotros.

Monday, September 6, 2021

Moral

 

Evangelio

Lc 6, 6-11

Un sábado, Jesús entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y fariseos estaban acechando a Jesús para ver si curaba en sábado y tener así de qué acusarlo.

Pero Jesús, conociendo sus intenciones, le dijo al hombre de la mano paralizada: “Levántate y ponte ahí en medio”. El hombre se levantó y se puso en medio. Entonces Jesús les dijo: “Les voy a hacer una pregunta: ¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado: el bien o el mal, salvar una vida o acabar con ella?” Y después de recorrer con la vista a todos los presentes, le dijo al hombre: “Extiende la mano”. El la extendió y quedó curado.

Los escribas y fariseos se pusieron furiosos y discutían entre sí lo que le iban a hacer a Jesús.



Meditacion:

Es el pan de cada día, también entre los hombres de Iglesia.  Posturas personales cerradas y esclavas de las normas, frente a actitudes abiertas a la persona concreta, con sus maneras y problemas. Es la disyuntiva clara e interpelante de Jesús, mientras se siente torvamente observado por los intolerantes. A Jesús le dolía aquella religión “sin alma”; la ley vieja era, en ellos, más fuerte que el amor.

Y sigue la tensión entre Jesús y los jefes religiosos. ¡Qué distintos! Jesús, sin que el enfermo le suplique nada, se da cuenta, mira al paralítico y le manda poner en pie para que sea más expresiva la pregunta: “¿Qué hacer? ¿Hacer el bien o el mal? ¿Salvarlo o dejarlo morir?”. Y le cura. Entre tanto, los escribas y fariseos están al acecho para acusarlo, se ponen furiosos, y maquinan lo peor. Poratajar el mal de un enfermo, quieren matarlo. Jesús respetaba la tradición; de hecho, estaba en la sinagoga, como buen  judío, en sábado. Pero una mezquina comprensión de la ley trastorna la realidad. Incluso, ¿qué trabajo quebrantador era decirle: “Extiende tu brazo”? Es más, si el sábado era día de liberación, de alegría, de culto, ¿qué mejor día para dar salud al que la necesita?

¿Cómo es posible que el corazón del hombre sea tan duro?¿Qué le lleva a esa sequía de sentimientos? Y, encima, dicen que lo hacen en nombre de Dios. No podemos poner el bien de Dios al margen del bien del hombre: “Tuve hambre y me disteis de comer”, “Lo que hicisteis con mis hermanos más pequeños conmigo lo hicisteis”. Conjugamos bien el culto a Dios y el amor a los demás.

Es cierto. Vivimos en comunidad, en sociedad, y hemos de tener en cuenta unas normas, unas reglas de juego. Pero sin descender nunca a esas minucias que ahogan la vida de la gente. Como es un clérigo el que esto escribe, y como relajo de vacaciones, recuerda aquella moral aprendida: celebrando misa se podían cometer diez pecados mortales; por ejemplo, si no te ponías una prenda litúrgica. A esto podías añadir tantos pecados mortales como horas del Oficio Divino omitías. Y así de lo demás. Preguntémonos con frecuencia: ¿Somos nosotros tan raquíticos de espíritu que nos dominen, como a los fariseos, mil naderías y bagatelas?

Como en Jesús, en sus seguidores no caben más razones que las palabras y los hechos que alivian el dolor de la gente. A veces, buscamos razones especiosas cuando nos cuesta salir al encuentro del que sufre. Son terribles frases como estas, frecuentes en la conversación: “Él se lo ha buscado”, “Dios castiga y sin palo”, “En el pecado lleva la penitencia”. Y no digamos si, como en el evangelio, sacamos a relucir razones religiosas y cúlticas.  Resuena aquí la voz bíblica: “Misericordia quiero, y no sacrificio”.

Friday, September 3, 2021

Comida

 

Evangelio

Lc 5, 33-39

En aquel tiempo, los fariseos y los escribas le preguntaron a Jesús: “¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oración, igual que los discípulos de los fariseos, y los tuyos, en cambio, comen y beben?”

Jesús les contestó: “¿Acaso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos? Vendrá un día en que les quiten al esposo, y entonces sí ayunarán”.

Les dijo también una parábola: “Nadie rompe un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque echa a perder el nuevo, y al vestido viejo no le queda el remiendo del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder. El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos y así se conservan el vino y los odres. Y nadie, acabando de beber un vino añejo, acepta uno nuevo, pues dice: ‘El añejo es mejor’



Meditacion:

El tema de la comida es, con frecuencia, motivo de litigio. Cristo es llamado, con desprecio,  comedor y bebedor; es apuntado con el dedo porque come con publicanos y pecadores, cosa que  es señal de amistad; los discípulos son censurados porque cortan espigas en sábado para comerlas.  Hoy le echan en cara a Jesús que sus apóstoles no guardan la ley del ayuno. La respuesta del Maestro es tan elemental como profunda: ¿cómo van a ayunar los invitados, mientras el novio está con ellos? Y el novio es Jesús. El nuevo Reino que instaura Jesús se expresa en la metáfora del banquete de bodas de la Nueva Alianza. Es decir, con la llegada de Jesús, el Mesías, todas las cosas son nuevas, no podemos quedar atados a la servidumbre de un pasado caduco. Luego vienen todas las imágenes, tan profundas: el banquete, el novio, el vestido, los odres.  Y siempre lo mismo: todo nos convoca a acoger la novedad de Jesús ya llenarnos de alegría. Sentirse esclavizado por la norma del ayuno no solo es negar la alegría, es negar el Reino nuevo que trae Jesús.

Seguir a Jesús es aceptarlo como es, íntegramente. No basta con un remiendo, aunque sea de tela nueva, en un traje viejo. La acogida es total, en el nuevo comportamiento moral. Esto significa pensar como Jesús, sentir como Jesús, amar como Jesús, sufrir como Jesús. Sigo a Jesús, y pienso que la misericordia es lo primero; siento como Jesús, y me gozo de tener un Padre en el cielo, que me ama; amo como Jesús, y sé que tengo que perdonar al enemigo; sufro como Jesús, y sé que amar me lleva a entregar la vida por los demás, hasta la muerte.

Resulta que este Jesús a quien sigo es el novio; lo dice él mismo. El que es el camino, la verdad y la vida; el que es el pan de vida, el pastor bueno y la luz del mundo se define también como el novio. Y esto nos convoca a la alegría, a festejar, a la fiesta.  Bien podemos preguntarnos, ¿ofrecemos los hombres y mujeres de la Iglesia un estilo alegre y feliz? ¿Se nota que el novio está con nosotros? ¿Nos creemos eso de la Buena Noticia o que el Señor nos invitó a disfrutar de las cosas que él creó para  solaz de sus hijos? Cómo nos animan a alegrarnos con el novio el magisterio de la EvangeliiGaudium, de la Gaudium et Spes, de la Gaudete in Domino. No hace falta señalar que, siendo la fuente de la alegría el mismo Jesús, esposo en la boda, esta alegría no es algo frívolo sino muy espiritual, fruto del Espíritu.
Que cuando nos sentemos a la Mesa del Señor y bebamos el vino nuevo de la Alianza Nueva, desbordemos de alegría por estar junto a este novio, Jesús, que nos hace tan dichosos.

Thursday, September 2, 2021

Tomar distancia

 

Evangelio

Lc 5, 1-11

En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra echaré las redes”. Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro, al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron.



Meditacion:

Cómo se agolpa la gente junto a Jesús. Lo apretujan, es el sueño de Galilea. Tiene que rogarle a Pedro su barca pequeña. Y Jesús, lejos de la sinagoga y del templo, desde la mar, pone en la barquilla su cátedra y su púlpito. (Y, entonces, no se hablaba de salir a las periferias). Llegan, también las primeras llamadas del Maestro de Nazaret. No quiere estar solo, prefiere vivir con otros, en comunidad. Comunidad, testigo de vida y de misión.

Las enseñanzas de Jesús, las llamadas de Jesús y la gracia de Jesús brillan en este evangelio.

“Desde la barca, sentado, enseñaba” a la gente, venida para “oír la palabra de Dios”. Porque palabra de Dios era: nacía en Dios y hablaba de Dios. Palabra que decía de misericordia, de perdón, de amor. También junto al lago, aprovecha para tocar el corazón de los que había elegido. Jesús inicia la cosa: “Rema mar adentro”, echad las redes”. Como en tantas escenas bíblicas de vocación, llegará la objeción del llamado: “Si no hemos pescado nada en toda la noche”, si “soy un pecador”, “Apártate de mí”.  Al final, Dios se sale con la suya: “Desde ahora, serás pescador de hombres”. Es que Cristo seduce, y el hombre reconoce que vale la pena seguirlo, aunque haya que dejarlo todo.

Desplegar nuestra vocación de ser pescadores de hombres nada tiene que ver con lavados de cerebro, con dominios de inteligencias y voluntades, con fanatismos proselitistas. (Acaso el término de ir “pescando gente” pudiera parecerlo). Al revés, Jesús nos invita a comunicar fraternamente, a dialogar desde el convencimiento y las razones, a pregonar un mensaje feliz. Ir “mar adentro” es dejar la orilla segura y embarcarse en lo difícil, es llenarse de audacia, de arrojo e intrepidez. (No queda claro eso de repetir mil veces “no tengáis miedo”, y luego vivir a la defensiva, en la tierra firme de lo que hemos hecho siempre). Habrá días de pesca abundante y días de escaso fruto; ni presunciones ni desánimos personales. Sabemos que solo lo hacemos “en tu nombre”, en el nombre de Jesús, no en el nuestro.

¿Y si miramos a Pedro, echándose por tierra, hundido porque se reconoce un pecador, indigno del Maestro? Menos mal que todo acaba bien, lleno de confianza, obedeciendo a la invitación y siguiendo a Jesús. De pecador a pescador de hombres. Los privilegiados, que conocemos toda la historia, nos acordamos que, al final, repetirá Pedro tres veces: “Señor, tú sabes que te amo”. El ser pecadores no nos hunde, no nos abruma una culpabilidad morbosa. Reconocemos nuestros fallos, iniciamos la conversión, una vez más, el Señor nos cambia y nos perdona, nos inspira confianza para emprender el camino del amor. El pecado, sí, es ofensa de Dios, como dice el catecismo. Pero sabemos que Dios queda ofendido porque el pecado daña al hombre, la criatura que Dios tanto ama. Ser infieles a Dios, y darnos cuenta, es ser capaces de abrirnos más fácilmente al perdón y amor de Dios. Pero esto, ¿es conciencia laxa o es Evangelio, sin más?

Wednesday, September 1, 2021

El Hijo de Dios

 

Evangelio

Lc 4, 38-44

En aquel tiempo, Jesús salió de la sinagoga y entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron a Jesús que hiciera algo por ella. Jesús, de pie junto a ella, mandó con energía a la fiebre, y la fiebre desapareció. Ella se levantó enseguida y se puso a servirles.

Al meterse el sol, todos los que tenían enfermos se los llevaron a Jesús y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los fue curando de sus enfermedades. De muchos de ellos salían también demonios que gritaban: “¡Tú eres el Hijo de Dios!” Pero él les ordenaba enérgicamente que se callaran, porque sabían que él era el Mesías.

Al día siguiente se fue a un lugar solitario y la gente lo andaba buscando. Cuando lo encontraron, quisieron retenerlo, para que no se alejara de ellos; pero él les dijo: “También tengo que anunciarles el Reino de Dios a las otras ciudades, pues para eso he sido enviado”. Y se fue a predicar en las sinagogas de Judea.



Meditacion:

Parece irónico que el Hijo de Dios, que vino a salvarnos a veces evitara a la gente. Sin embargo, no era que no deseaba estar con las personas, sino que necesitaba tiempo a solas con el Padre.

La Biblia relata muchas ocasiones en que Jesús se apartó para rezar a solas. Y a veces las multitudes se las agenciaban para encontrarlo. ¿Cómo se sentía Jesús cuando la gente le arruinaba sus planes? No sabemos. Lo que sí sabemos es que él no se quejaba sino que se tomaba el tiempo de hablar con las personas y curarlas. En el Evangelio de hoy, por ejemplo, Jesús debe haber tratado a la gente con respeto pues lo invitaron a quedarse. Pero él sabía cuál era la voluntad de Dios, y su respuesta fue firme: Era momento de rezar y luego seguir adelante.

El Evangelio de San Mateo nos narra otra situación en la que Jesús se encontró inesperadamente con una multitud cuando buscaba estar a solas luego de la muerte de su primo Juan el Bautista. La multitud lo siguió, él “sintió compasión de ellos” y curó a los enfermos. Incluso los alimentó al multiplicar cinco panes y dos pescados. Eventualmente, sin embargo, Jesús despidió a la gente y “subió a un cerro para orar a solas” (Mateo 14, 22. 23).

Aunque la vida de Jesús era bastante particular, en muchas formas también era similar a la nuestra. Al igual que nosotros, él enfrentó muchas demandas en su tiempo, y tuvo que ocuparse de los obstáculos con gracia y humildad.

Nosotros deberíamos ser flexibles con nuestro horario, así como lo era Jesús, especialmente cuando las personas necesitan nuestro amor y ayuda. El Señor nunca ignoró a alguien que acudiera a él. Pero tuvo el mismo cuidado de no ignorar al Padre, cuyo amor lo sostenía y fortalecía. Si Jesús, que no tenía pecado, necesitaba tiempo a solas con Dios, ¡cuánto más lo necesitamos nosotros!

Si tus planes para rezar tranquilamente se ven interrumpidos, no te preocupes; busca otra oportunidad. Haz que Dios sea tu prioridad, pídele al Señor que te conceda la gracia de hacer su voluntad para ti. El Señor te dará el balance y la paz que estás buscando para tu ajetreada vida.

“Señor, gracias por las personas que son parte de mi vida y me han dado ánimo.”

Generacion

Evangelio Lucas 7, 31-35 En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se p...