Monday, January 9, 2023

El Bautismo


 

Evangelio

Mt 3, 13-17

En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?” Jesús le respondió: “Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”. Entonces Juan accedió a bautizarlo.

Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.



Meditacion:

El Mesías pide ser bautizado para que se cumpla toda justicia, para que se realice el proyecto del Padre, que pasa por el camino de la obediencia filial y de la solidaridad con el hombre frágil y pecador. Es el camino de la humildad y de la plena cercanía de Dios a sus hijos. El profeta Isaías proclama también la justicia del Siervo de Dios, que lleva a cabo su misión en el mundo con un estilo contrario al espíritu mundano: «No vociferará ni alzará el tono, y no hará oír en la calle su voz. Caña quebrada no partirá, y mecha mortecina no apagará» (42, 2-3). Es la actitud de mansedumbre. (…)la actitud de sencillez, respeto, moderación y ocultamiento, que se requiere aún hoy de los discípulos del Señor. Cuántos ―es triste decirlo―, cuántos discípulos del Señor alardean como discípulos del Señor. No es un buen discípulo el que alardea de ello. El buen discípulo es el humilde, el manso que hace el bien sin ser visto.

Saturday, January 7, 2023

Las bodas


 

Evangelio

Jn 2, 1-11

En aquel tiempo, hubo una boda en Caná de Galilea, a la cual asistió la madre de Jesús. Éste y sus discípulos también fueron invitados. Como llegara a faltar el vino, María le dijo a Jesús: "Ya no tienen vino". Jesús le contestó: "Mujer, ¿qué podemos hacer tú y yo? Todavía no llega mi hora". Pero ella dijo a los que servían: "Hagan lo que él les diga".

Había allí seis tinajas de piedra, de unos cien litros cada una, que servían para las purificaciones de los judíos. Jesús dijo a los que servían: "Llenen de agua esas tinajas". Y las llenaron hasta el borde. Entonces les dijo: "Saquen ahora un poco y llévenselo al mayordomo".

Así lo hicieron, y en cuanto el mayordomo probó el agua convertida en vino, sin saber su procedencia, porque sólo los sirvientes la sabían, llamó al novio y le dijo: "Todo el mundo sirve primero el vino mejor, y cuando los invitados ya han bebido bastante, se sirve el corriente. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora".

Esto que hizo Jesús en Caná de Galilea fue el primero de sus signos. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.



Meditacion:

El primero de estos signos prodigiosos es narrado justamente por Juan (2,1-11) y se cumplió en Caná de Galilea. Se trata de una especie de “puerta de ingreso”, en el cual se han esculpido palabras y expresiones que iluminan el entero misterio de Cristo y abren el corazón de los discípulos a la fe. Veamos algunos.

En la introducción encontramos la expresión «Jesús también fue invitado con sus discípulos» (v. 2). A aquellos que Jesús ha llamado a seguirlo, los ha ligado a sí en una comunidad y ahora, como una única familia, son invitados todos a la boda. Dando inicio a su ministerio público en las bodas de Caná, Jesús se manifiesta como el esposo del pueblo de Dios, anunciado por los profetas, y nos revela la profundidad de la relación que nos une a Él: es una nueva Alianza de amor.

¿Qué cosa hay en el fundamento de nuestra fe? Un acto de misericordia con el cual Jesús nos ha ligado a sí. Y la vida cristiana es la respuesta a este amor, es como la historia de dos enamorados. Dios y el hombre se encuentran, se buscan, se hallan, se celebran y se aman: exactamente como el amado y la amada del Cantar de los Cantares. Todo lo demás viene como consecuencia de esta relación. La Iglesia es la familia de Jesús en el cual se vierte su amor; es este amor que la Iglesia cuida y quiere donar a todos.

En el contexto de la Alianza se comprende también la observación de la Virgen: «No tienen vino» (v. 3). ¿Cómo es posible celebrar la boda y hacer fiesta si falta aquello que los profetas indicaban como un elemento típico del banquete mesiánico (Cfr. Am 9,13-14; Jo 2,24; Is 25,6)? El agua es necesaria para vivir, pero el vino expresa la abundancia del banquete y la alegría de la fiesta. Es una fiesta de bodas en la cual falta el vino; los nuevos esposos pasan vergüenza, sienten vergüenza y se avergüenzan de esto. Pero imaginen terminar una fiesta de bodas bebiendo te; sería una vergüenza. El vino es necesario para la fiesta.

Transformando en vino el agua de las tinajas destinadas «a los ritos de purificación de los Judíos» (v. 6), Jesús realiza un signo elocuente: transforma la Ley de Moisés en Evangelio, portador de alegría. Como dice en otro pasaje el mismo Juan: «La Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo» (1,17).

Las palabras que María dirige a los sirvientes coronan el cuadro nupcial de Caná: «Hagan todo lo que él les diga» (v. 5). Es curioso: son sus últimas palabras reportadas en los Evangelio: son la herencia que nos entrega a todos nosotros. También hoy la Virgen nos dice a todos nosotros: «Hagan todo lo que él les diga». Es la herencia que nos ha dejado: ¡es bello! Se trata de una expresión que evoca la fórmula de fe utilizada por el pueblo de Israel en el Sinaí como respuesta a las promesas de la alianza: «Estamos decididos a poner en práctica todo lo que ha dicho el Señor» (Ex 19,8).

Friday, January 6, 2023

Este es mi hijo amado


 

Evangelio

Mc 1, 7-11
En aquel tiempo, Juan predicaba diciendo: "Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".

Por esos días, vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Al salir Jesús del agua, vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en figura de paloma, descendía sobre él. Se oyó entonces una voz del cielo que decía: "Tú eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias".


Meditacion:

Si vieras a Juan el Bautista desde una perspectiva mundana, lo considerarías un pobre reflejo de Jesús, Aquel a quien él anunció. Podrías verlo como un hombre rudo que predicaba el evangelio del castigo. Por el contrario, podrías pensar que Jesús era más suave, un amigo gentil que sonreía mientras curaba a las personas y les decía que se amaran unos a otros. Pareciera que Juan deseaba decirnos lo que habíamos hecho mal, pero Jesús quería ser nuestro amigo.

Pero, ¿se justifica este contraste? En la lectura del Evangelio de hoy, Juan es cualquier cosa menos un predicador obstinado. Todo lo que él quería era dirigir a las personas hacia Jesús, Aquel que había venido a darles el Espíritu Santo. Él le dijo a la gente que la razón de su llamado al arrepentimiento no se debía a que quisiera reprenderlos como si ellos fueran incapaces de cambiar. Más bien, era para que estuvieran preparados para recibir la salvación que Jesús había venido a ofrecerles. Lo más interesante es que, cuando Jesús aparece en escena, predica el mismo mensaje de arrepentimiento, ¡con exactamente las mismas palabras que usó Juan! (Marcos 1, 14-15). Pareciera que Juan se parecía más a Jesús de lo que pensamos.

La semejanza con Jesús puede darnos algo de perspectiva sobre nuestro propio llamado a predicar el evangelio. Nos dice que, al igual que Juan, nosotros también podemos experimentar el entusiasmo y la esperanza que encierra esta frase: “¡El Reino de Dios está cerca!” En el fondo, el evangelio es la buena noticia sobre un Dios que nos llama a estar a su lado. Es la buena nueva de un Padre misericordioso que quiere borrar todos los pecados de sus hijos y liberarlos de la culpa. Es la buena noticia de un Dios que desea recibirnos en su reino, ¡para siempre!

Es un gran privilegio ser llamado a hacer el mismo trabajo que Juan y Jesús hicieron. Es un gran privilegio mostrarles a las personas el camino hacia el reino de los cielos. Ya sea por medio de nuestras palabras o de nuestro ejemplo, podemos ser embajadores del Señor.

Entonces, ¿cuál es la buena noticia que vas a compartir hoy con otros? ¿Cómo vas a anunciar el Reino de Dios?

“Amado Señor Jesús, te pido que me enseñes a compartir tu buena noticia con los demás.”

Thursday, January 5, 2023

Creer


 

Evangelio

Jn 1, 43-51
En aquel tiempo, determinó Jesús ir a Galilea, y encontrándose a Felipe, le dijo:
"Sígueme". Felipe era de Betsaida, la tierra de Andrés y de Pedro.

Felipe se encontró con Natanael y le dijo: "Hemos encontrado a aquel de quien escribió
Moisés en la ley y también los profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José". Natanael replicó: "¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?" Felipe le contestó: "Ven y lo verás".

Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: "Éste es un verdadero israelita en el que no hay doblez". Natanael le preguntó: "¿De dónde me conoces?" Jesús le respondió: "Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera". Respondió Natanael: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel". Jesús le contestó: "Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver". Después añadió: "Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".



Meditacion:

Felipe y Natanael buscaban un maestro, alguien que les ayudara a comprender los misterios de la vida. Esa es la razón por la cual seguían a Juan el Bautista. Al igual que otros judíos devotos, conocían a profundidad las Escrituras y les gustaba conversar sobre el significado de las profecías antiguas. ¿Cuándo establecería Dios su reino? ¿Cómo rescataría a su pueblo escogido de la ocupación de los romanos? Es bastante posible que Natanael estuviera meditando en estas preguntas cuando se sentó debajo de la higuera.

Sin embargo, el primer “descubrimiento” en este pasaje no lo hicieron Felipe o Natanael, sino que lo hizo Jesús. El Señor fue a Galilea, encontró a Felipe y le dijo: “Sígueme” (Juan 1, 43). Probablemente él ya sabía que Felipe se apresuraría a contarle a su amigo, Natanael, sobre su descubrimiento y por eso lo buscó. Luego el escepticismo inicial de Natanael se convirtió en asombro cuando Jesús le demostró que ya conocía a este joven y tenía muchas cosas maravillosas reservadas para él. Jesús los buscó, ¡para que ellos pudieran encontrarlo!

Cada uno de nosotros está buscando a Jesús. Todos estamos tratando de crecer en nuestra fe, conocerlo mejor y ser más fieles en la oración y el servicio.

¡Qué maravilloso es saber que él no se está escondiendo! El Señor te ama y antes de que tú siquiera pensaras en buscarlo, él ya te buscaba. Incluso ahora él te está buscando, invitándote a acercarte y pasar tiempo junto él. Así que, ¿por qué no sentarte bajo tu “higuera” por un momento y permitir que Jesús te encuentre? Quizá solo necesites concentrarte en un verso del salmo de hoy o en una de las lecturas. Tal vez solo necesitas repetir el nombre de Jesús unas cuantas veces. No te preocupes si te distraes un poco; solo trata de abrir tu corazón.

Este es el corazón de la vida cristiana: Es salir del escondite, es quedarse lo suficientemente tranquilo para que Jesús nos encuentre y nos hable. Natanael estaba descansado, esperando y contemplando cuando Felipe le presentó a Jesús, y esa silenciosa disposición lo ayudó a abrir su corazón.

Jesús te está buscando en este momento, ¡no te escondas! Quédate lo suficientemente quieto para que él te encuentre.

“Señor, te pido que me ayudes a reconocer hoy tu voz.”

Wednesday, January 4, 2023

Vocacion


 

Evangelio

Jn 1, 35-42 

En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: “Éste es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué buscan?” Ellos le contestaron: “¿Dónde vives, Rabí?” (Rabí significa ‘maestro’). Él les dijo: “Vengan a ver”. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías” (que quiere decir ‘el Ungido’). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás” (que significa Pedro, es decir, ‘roca’).



Meditacion:

Esto es lo que pasa en ciertos relatos vocacionales como el que se nos narra hoy en el evangelio de Juan: la vocación de dos discípulos. Ellos se acuerdan, por ejemplo, de que eran “las cuatro de la tarde” (v. 39), cuando sucedieron esos acontecimientos tan importantes para la vida de esos dos discípulos. Este detalle confiere a todo este relato el sello de un testimonio personal.


Los dos son discípulos de Juan, antes que de ningún otro. Pero su Maestro es humilde y anda en verdad. No quiere retenerlos junto a él. Por eso, al pasar Jesús, le reconoce por lo que es. Y dice, señalándolo: “Éste es el Cordero de Dios” (v. 36). Con este testimonio cualificado de Juan acerca de Jesús, a los dos discípulos se les abre la puerta de la confianza radical. Y a partir  de ahí “siguieron a Jesús” (v. 37). Pero este seguimiento habrá que profundizarlo en otros encuentros íntimos y personales: en una vida compartida, que ponga sobre el tapete los rasgos más importantes de la existencia. El texto usa tres verbos para expresar lo que han de vivir los discípulos junto a Jesús: “fueron… vieron… se quedaron con Él” (vv. 38-39). El coloquio, de un día de duración, entre Jesús y los discípulos  no sabemos qué tema abordaron. Lo que sí sabemos es que esta experiencia de intimidad termina con una profesión de fe: “hemos encontrado al Mesías” (v. 41), que sucesivamente se hace apostolado y misión.

Tuesday, January 3, 2023

Cordero de Dios


 

Evangelio

Jn 1, 29-34

Al día siguiente, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: "Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo he dicho: 'El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo'. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel".

Entonces Juan dio este testimonio: "Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: 'Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo'. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios".



Meditacion:

Jesús se presenta en la orilla del río, en medio de la gente, de los pecadores —como todos nosotros—. Es su primer acto público, la primera cosa que hace cuando deja la casa de Nazaret, a los treinta años: baja a Judea, va al Jordán y se hace bautizar por Juan. (…) No es una anécdota, es un hecho histórico decisivo. Es decisiva por nuestra fe; es decisiva también por la misión de la Iglesia. La Iglesia, en todos los tiempos, está llamada a hacer lo que hizo Juan el Bautista, indicar a Jesús a la gente diciendo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Él es un el único Salvador, Él es el Señor, humilde, en medio de los pecadores. Pero es Él. Él, no es otro poderoso que viene. No, no. Él.

Monday, January 2, 2023

Autenticidad


 

Evangelio

Jn 1, 19-28

Éste es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: “¿Quién eres tú?”

Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó: “Yo no soy el Mesías”. De nuevo le preguntaron: “¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?” Él les respondió: “No lo soy”. “¿Eres el profeta?” Respondió: “No”. Le dijeron: “Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?” Juan les contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’, como anunció el profeta Isaías”.

Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: “Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias”.

Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba



Meditacion:

Frente a esta forma de actuar, lo que más me llama la atención en Juan Bautista y lo que más me admira de él es que no quiere aparecer como lo que no es. Anda en verdad y a esto se le llama autenticidad en toda tierra de garbanzos. Juan es un hombre auténtico, que no vive de apariencias. Un hombre de una sola pieza, que llama al pan, pan y al vino, vino. Que habla de lo que es y no se da pisto de ningún tipo. Que no se adula a sí mismo, ni adula a los demás. Es un hombre de una sola pieza que pone a las personas y a las cosas en su sitio. Ni tiene empacho ninguno en decir a la cara que el bautiza con agua, ni lo tiene en decir que, en medio de ellos, hay uno que no conocen, que existía antes que él y al que no es digno de desatar las sandalias. Si humildad es andar en verdad, Juan es un una persona autentica, humilde y verdadera.

Uno de los rasgos de nuestra mejor navidad, ésa que podríamos celebrar a día de hoy, apegados a lo concreto, tendría que ver con esas facetas humanas que practicaba Juan: la autenticidad, la verdad y la humildad.

Generacion

Evangelio Lucas 7, 31-35 En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se p...