Evangelio
Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”.
Entonces Jesús les dijo: “Cuando oren, digan:
Padre, santificado sea tu nombre,
venga tu Reino,
danos hoy nuestro pan de cada día
y perdona nuestras ofensas,
puesto que también nosotros perdonamos
a todo aquel que nos ofende,
y no nos dejes caer en tentación”.
------------------------------------------------------------------------------------------------
Gospel
Jesus was praying in a certain place, and when he had finished,
one of his disciples said to him,
“Lord, teach us to pray just as John taught his disciples.”
He said to them, “When you pray, say:
Father, hallowed be your name,
your Kingdom come.
Give us each day our daily bread
and forgive us our sins
for we ourselves forgive everyone in debt to us,
and do not subject us to the final test.”
======================================================
Meditacion:
Esta petición que hicieron los apóstoles parecía razonable, ellos habían visto a Jesús rezar en numerosas ocasiones. También lo habían visto realizar grandes milagros y demostrar la misericordia de Dios a muchas personas. Es posible que pensaran que había una relación entre ambas cosas: tal vez, si aprendemos a orar, podremos llegar a parecernos más a él.
Si esto era lo que estaban pensando, ¡tenían razón! ¿Qué otra cosa sería más eficaz para cambiar y parecerse más al Señor que abrir el corazón a tu Padre y permitirle que te moldee?
Todos sabemos lo difícil que es imitar al Señor. Por más que lo intentemos, las tentaciones que nos asaltan son demasiado fuertes. Pensamos que estamos siguiendo su ejemplo, pero luego descubrimos que el orgullo o el temor o la forma demasiado humana de pensar nos alejan de él. Me gustaría tener más capacidad de perdonar, pensamos, o ser más valiente o menos desconfiado. ¿A quién puedo recurrir?
Naturalmente, ¡a Dios!, que siempre está dispuesto a ayudarnos. Y eso es lo que el Señor Jesucristo hizo por sus discípulos. “Cuando oren, digan: Padre… ” (Lucas 11, 2-3).
La primera palabra del Padre Nuestro, “Padre”, es la más importante. Esta forma familiar e íntima de dirigirse a Dios nos enseña que él es accesible, que nos ama, que nos cuida y que provee para nosotros. Y si Dios es nuestro Padre bueno y amoroso, desde luego que desea darnos su gracia, por supuesto que quiere ayudarnos a parecernos más a su Hijo unigénito.
Imitar a Jesucristo cuando rezas es la clave para seguirlo con el pensamiento y las acciones. Al usar sus oraciones como modelo de las tuyas, empezarás a pensar como él. Sus deseos serán tus deseos, y sus prioridades serán las tuyas.
Así que intenta usar el Padre Nuestro como una guía para elaborar tus propias plegarias. Recuerda las verdades de Dios, tu Padre, espera la venida de su Reino, comprométete a hacer su voluntad, intenta perdonar más para que puedas encontrar más fácilmente su misericordia, aliméntate en la mesa del Señor y busca su protección en contra del mal.
Si estas son tus prioridades al rezar, pronto te encontrarás pensando y actuando más como él.
“Señor Jesús, gracias por enseñarme a orar, y a tener comunión con tu Padre celestial.” Amen
---------------------------------------------------------------------------------------------
This request made by the apostles seemed reasonable, they had seen Jesus pray on numerous occasions. They had also seen him perform great miracles and demonstrate God's mercy to many people. They may have thought there was a relationship between the two: perhaps, if we learn to pray, we can become more like him.
If this was what they were thinking, they were right! What else would be more effective in changing and becoming more like the Lord than opening your heart to your Father and allowing him to mold you?
We all know how difficult it is to imitate the Lord. No matter how hard we try, the temptations that assail us are too strong. We think we are following his example, but then we discover that pride or fear or an all-too-human way of thinking takes us away from him. I would like to be more forgiving, we think, or to be more courageous or less distrustful. Who can I turn to?
Of course, to God, who is always ready to help us. And that's what the Lord Jesus Christ did for his disciples. “When you pray, say: Father…” (Luke 11, 2-3).
The first word of the Our Father, "Father", is the most important. This familiar and intimate way of addressing God teaches us that he is approachable, that he loves us, that he cares for us, and that he provides for us. And if God is our good and loving Father, of course He wants to give us His grace, of course He wants to help us become more like His only begotten Son.
Imitating Jesus Christ when you pray is the key to following him with your thoughts and actions. By using his sentences as a model for yours, you will start to think like him. Their wishes will be your wishes, and their priorities will be yours.
So try using the Lord's Prayer as a guide to make your own prayers. Remember the truths of God, your Father, await the coming of his Kingdom, commit to doing his will, try to forgive more so that you can more easily find his mercy, feed yourself at the Lord's table and seek his protection against evil.
If these are your priorities when praying, you will soon find yourself thinking and acting more like him.
"Lord Jesus, thank you for teaching me to pray, and to have fellowship with your heavenly Father." Amen
No comments:
Post a Comment