Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar, serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes, pues, oren así:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu Reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en tentación
y líbranos del mal.
Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”
------------------------------------------------------------------------------------------
Gospel
Jesus said to his disciples:
“In praying, do not babble like the pagans,
who think that they will be heard because of their many words.
Do not be like them.
Your Father knows what you need before you ask him.
“This is how you are to pray:
Our Father who art in heaven,
hallowed be thy name,
thy Kingdom come,
thy will be done,
on earth as it is in heaven.
Give us this day our daily bread;
and forgive us our trespasses,
as we forgive those who trespass against us;
and lead us not into temptation,
but deliver us from evil.
“If you forgive men their transgressions,
your heavenly Father will forgive you.
But if you do not forgive men,
neither will your Father forgive your transgressions.”
---------------------------------------------------------------------------------------------
Meditacion:
El camino cuaresmal que hemos iniciado nos pide hoy tomar conciencia de la importancia de la oración en nuestra vida cristiana. La oración es uno de los tres dinamismos de nuestro compromiso cuaresmal junto con el ayuno y la caridad hacia los más necesitados. La liturgia nos invita a meditar el texto del evangelio que no hemos leído el miércoles de ceniza. Como queriendo asegurar una mayor atención de nuestro corazón sobre la oración. Es una invitación hacer de la oración una expresión auténtica de nuestro ser discípulos.
El profeta Isaías nos asegura: «así será mi palabra que sale de mi boca» (Is 55,11). Esta palabra eficaz, enviada por Dios sobre la tierra, que regresa a Él después de haber cumplido su propósito, se ha hecho carne, es Jesús: por eso, su palabra está cargada de una potencialidad extraordinaria. Él nos dice: «Ustedes oren así: ¡Padre nuestro!» (Mt 6,9)». De ahí, que la invitación de Jesús a orar «así» no es simplemente la entrega de una formula mágica, para repetirla de forma mecánica. Es la entrega de un programa de vida, que «condensa su propia experiencia de Dios: la fe en el Reino y su preocupación por el mundo».
Podremos decir que oramos «así» como el Señor nos ha enseñado, cuando seamos capaces de vivir «así» como el Evangelio nos pide. Vida y oración deben ir siempre de la mano. La cuaresma como «viaje de regreso a Dios» es un tiempo propicio para potenciar nuestra oración. La cual nos lleva a esa intimidad con el Padre, que no solo escucha nuestra oración, sino que nos atrae a su corazón para conformarnos según su misericordia y perdón. La oración evangélica no funciona «a fuerza de palabras» (Mt 6,7), sino en la confianza del discípulo en el único maestro y Señor de nuestra vida.
Así pues, orar es cultivar nuestra relación de amistad con Dios, acoger en el silencio del corazón la fuerza performativa de su Palabra para que nos transforme. Como señaló el papa Francisco en su homilía del miércoles de ceniza: «La conversión del corazón, con los gestos y las obras que la expresan, sólo es posible si parte del primado de la acción de Dios. Lo que nos hace volver a Él no es presumir de nuestras capacidades y nuestros méritos, sino acoger su gracia. Nos salva la gracia, la salvación es pura gracia, pura gratuidad».
Pidamos al Señor que nos enseñe a orar, que nos de la capacidad de hacer nuestra oración con su mismo corazón, para que crezca en nosotros cada día su misma experiencia de filiación y fraternidad. De esta manera, con su gracia nuestra oración nos impulsará a vivir y actuar, así como oramos.
-----------------------------------------------------------------------------------------------
The Lenten journey that we have started today asks us to become aware of the importance of prayer in our Christian life. Prayer is one of the three dynamisms of our Lenten commitment along with fasting and charity towards those most in need. The liturgy invites us to meditate on the text of the Gospel that we did not read on Ash Wednesday. As if wanting to ensure a greater attention of our heart on prayer. It is an invitation to make prayer an authentic expression of our being disciples.
The prophet Isaiah assures us: "So shall my word that comes out of my mouth be" (Is 55:11). This effective word, sent by God on earth, which returns to Him after having fulfilled his purpose, has become flesh, it is Jesus: for this reason, his word is loaded with an extraordinary potentiality. He tells us: "You pray like this: Our Father!" (Mt 6,9) ». Hence, the invitation of Jesus to pray "like this" is not simply the delivery of a magic formula, to repeat it mechanically. It is the delivery of a program of life, which "condenses his own experience of God: faith in the Kingdom and his concern for the world."
We can say that we pray "thus" as the Lord has taught us, when we are able to live "thus" as the Gospel asks of us. Life and prayer must always go hand in hand. Lent as a "journey back to Godhead" is a propitious time to enhance our prayer. Which leads us to that intimacy with the Father, who not only listens to our prayers, but also draws us to his heart to conform to his mercy and forgiveness. Evangelical prayer does not work "by dint of words" (Mt 6,7), but in the disciple's trust in the only teacher and Lord of our life.
Thus, to pray is to cultivate our relationship of friendship with God, to welcome in the silence of the heart the performative force of his Word so that it transforms us. As Pope Francis pointed out in his homily on Ash Wednesday: “Conversion of the heart, with the gestures and works that express it, is only possible if it starts from the primacy of God's action. What makes us return to him is not to boast of our abilities and our merits, but to welcome his grace. Grace saves us, salvation is pure grace, pure gratuity ».
Let us ask the Lord to teach us to pray, to give us the ability to pray with his own heart, so that the same experience of sonship and brotherhood grows in us every day. In this way, with his grace, our prayer will impel us to live and act, just as we pray.
No comments:
Post a Comment