Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “No te extrañes de que te haya dicho: ‘Tienen que renacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu”. Nicodemo le preguntó entonces: “¿Cómo puede ser esto?”
Jesús le respondió: “Tú eres maestro de Israel, ¿y no sabes esto? Yo te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán si les hablo de las celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna”
Meditacion:
“Viento,” un poema del escritor escocés Robert Louis Stevenson, describe la experiencia que vive una persona con el viento de la siguiente forma:
He visto todo cuanto haces, aunque siempre te ocultabas. Sentí tu empuje, oí tu llamada, pero no pude verte.
Cuando Jesús describió la acción “invisible” del Espíritu Santo a Nicodemo, utilizó una imagen similar a la de este poema. Al igual que el viento, el Espíritu no puede ser visto, pero podemos sentir su llamada y su “empuje”. Todos hemos experimentado una situación similar; todos nos hemos sentido a menudo impulsados a hacer algo, o a no hacerlo, que de otra forma no se nos hubiera ocurrido. Por ejemplo, podrías acordarte de alguien y querer ponerte en contacto con esa persona con quien no has hablado en mucho tiempo. O precisamente en el momento en que vas a decir algo negativo, te percatas de que debes refrenar tu lengua. ¡Ese es el Espíritu Santo!
Cuando obedeces a estas inspiraciones del Espíritu, lo haces “visible” a las personas que te rodean. Al igual que Nicodemo, muchas personas hoy en día buscan una prueba tangible de que Dios es real. A veces, aun si hablas persuasivamente, no son en realidad las palabras las que acercan a las personas a Jesús. Es el espíritu que hay detrás de esas palabras y ahí es donde el Espíritu Santo actúa. Cuando estás intentando seguir al Espíritu, las personas verán que Dios es real y está actuando en y a través de tu testimonio.
Cuanto más tratas de seguir la guía del Espíritu Santo, mejor lograrás hacerlo. En lugar de ignorarla, podrías ofrecerle a una persona indigente dinero o una palabra amable. Cuando alguien te cuenta sobre sus problemas, en lugar de sentirte molesto escucharás pacientemente y te ofrecerás a rezar con esa persona. Cuando eres injustamente criticado, responderás con amabilidad en lugar de enfado.
A pesar de que no podemos ver al Espíritu con nuestros propios ojos, sus movimientos serán difíciles de ignorar. A través de ti, las personas serán capaces de sentir esa llamada gentil. Es más, pueden ser atraídos por su abrazo amoroso e invisible, aunque poderoso.
“Señor, te pido que abras mis oídos a escuchar la llamada de tu Espíritu, y me des la valentía de seguirlo a donde sea que él me guíe.”

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