Friday, June 18, 2021

Generosidad

 

Evangelio

Mt 6, 19-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.

Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra no será tu propia oscuridad!”


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Meditacion:

En el texto evangélico de hoy san Mateo nos recuerda las palabras que dijo Jesús a sus discípulos: «No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo,… porque donde está tu tesoro allí está tu corazón ”.

San Pablo recordó estas palabras: “Hay más dicha en dar que en recibir” Este proverbio de Jesús parece que Pablo lo aprendió de otros cristianos. Y es que los seres humanos hemos sido hechos para dar y para darnos. Nuestra vida cambiaría si pudiéramos comprender que - como el árbol - no estamos hechos para comernos nuestros propios frutos, sino para donarlos como alimento a otros.

La generosidad es algo que se mueve en un plano horizontal, si nos va bien, hay que ayudar a otros a que les vaya bien. La generosidad es

compartir mis recursos.

La capacidad de compartir no está ligada a la abundancia de recursos, sino a la generosidad del corazón. La persona generosa, aun cuando atraviese períodos de escasez, encuentra en su interior la fuente del gozo porque - como nos pasa Jesús - “hay más alegría en dar que en recibir”.

La raíz de la tristeza y la soledad que viven muchas personas está en su incapacidad dar, de compartir.

Thursday, June 17, 2021

Padre Nuestro

 

Evangelio

Mt 6, 7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración, no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes pues, oren así:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu Reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en tentación
y líbranos del mal.

Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.


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Meditacion:

Hoy encontramos en el texto bíblico de Mateo  la oración que más solemos rezar junto con el avemaría, el padrenuestro. En su brevedad es una verdadera escuela de oración. De hecho para relacionarnos con Dios no hay una oración mejor, pues es el mismo Jesús nuestro Señor quien nos la ha enseñado.

La gran novedad de esta oración está en la primera palabra con la que comienza: «Padre», pues  es la que da verdadero sentido a todo lo demás. Si bien la expresión «Padre» referida a Dios es frecuente en la tradición bíblica del Antiguo Testamento, nunca se había llegado más allá de un significado simbólico: Dios era padre del pueblo en general  o se comportaba como un padre. En Jesús, el símbolo se hace realidad; Dios es realmente su padre, al que llama con el diminutivo entrañable con que los niños se dirigen a la persona que les dio la vida: «abba», «papá». Pero Dios no sólo es el padre de Jesús, sino también nuestro padre; de cada uno en particular y de todos como familia suya y hermanos de su Hijo primogénito. Aquí encontramos expresado todo el mensaje espiritual de la Biblia. Cuando la rezamos con atención,  lo que expresamos con nuestros labios transforma nuestro corazón, nuestros sentimientos, nuestra forma de pensar y de actuar.

Esta oración contiene siete peticiones, tres en honor de Dios: que su nombre sea santificado, respetado, alabado; que su reino se extienda por todo el mundo y llene el corazón de todas las personas; que su divina voluntad se cumpla en la tierra, como se cumple en el cielo.

Y a continuación siguen  cuatro peticiones a favor nuestro: en primer lugar pedimos a nuestro Padre el alimento para cada día y el perdón de todas  nuestras ofensas. Por último pensando en nuestros errores y pecados  le pedimos a nuestro Padre que aparte de nuestro camino las tentaciones que nos acechan y los males que nos amenazan  en la convivencia familiar, en el trato con nuestros amigos y vecinos. Porque la amistad  renovada con Dios sólo es posible cuando también se ha mejorado la relación con las personas con quienes convivimos o encontramos en nuestro día a día.

El perdón es un punto central en la oración cristiana.

Y por último decimos:  “y líbranos del mal” o del Malo, con mayúsculas, que es el demonio. Él busca siempre nuestra perdición. Cuando abrimos la Biblia, vemos que él fue el tentador para arruinar a la humanidad. Y así termina la oración cristiana que, en su brevedad, resume todo el evangelio.

Wednesday, June 16, 2021

Obras de caridad

 

Evangelio

Mt 6, 1-6. 16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.

Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará’’.


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Meditacion:

¿Alguna vez te han pedido que hagas una contribución a una buena causa en un momento en que estabas preocupado por pagar la próxima cuenta? Cuando San Pablo decidió hacer una colecta para la comunidad cristiana de Jerusalén, algunos de los creyentes en Corinto probablemente se encontraron en un dilema similar. Se deben haber preguntado por qué debían dar dinero a otras personas que se encontraban a kilómetros de distancia cuando no tenían suficiente para sí mismos.

“Serán ustedes ricos en todo para ser generosos en todo”, les dijo Pablo (2 Corintios 9, 11). En otras palabras, Dios los ha bendecido a ustedes abundantemente para que así ustedes puedan bendecir a otras personas.

Pablo no estaba hablando solamente de bendiciones materiales, también hablaba de las espirituales. Es parecido a lo que le dijo a la iglesia en Éfeso: “Dios nos ha bendecido en los cielos con toda clase de bendiciones espirituales” (Efesios 1, 3). Dios fue tan generoso que envió a su único Hijo para que se hiciera uno como nosotros y muriera por nosotros, para que así conociéramos su amor y misericordia. Es esta comprensión de nuestra “riqueza” en Cristo la que puede ayudarnos a ser generosos.

Desde luego, Dios no nos está pidiendo que demos todo nuestro dinero o nuestro tiempo. Pero tampoco quiere que nos aferremos tanto a las cosas que no estemos dispuestos a dar nada.

Tal vez él te ayudará a ver más claramente todas las formas en que ha provisto para ti, y eso te inspire a dar a los pobres algo de dinero que de otra forma gastarías en entretenimiento. Tal vez tus hijos ya crecieron, y ahora tienes más tiempo libre que puedes donar a tu parroquia. O quizá has sido bendecido con una rica vida de oración, y puedes sentir que Dios te está pidiendo que dediques algo de tu tiempo de oración a interceder por las necesidades de otras personas.

Dios es un proveedor alegre. Con alegría nos dio a su Hijo y continúa perdonando nuestros pecados y derramando sobre nosotros su misericordia y su amor en nuestro corazón. ¡Pidámosle la gracia para dar con tanta alegría como él lo hace!

“Padre celestial, gracias por todo lo que me has dado, te ruego que me muestres cómo compartirlo con otros.”

Tuesday, June 15, 2021

Perfeccion

 

Evangelio

Mt 5, 43-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.

Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.


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MEDITACION:

Ser perfecto significa no tener ningún defecto, cumplir los máximos estándares de excelencia y satisfacer todos los requisitos. A esto muchos de nosotros podríamos decir: ¿En serio, Señor? ¡Estoy luchando por mantener mi vida en orden! ¿Ahora tú quieres que sea perfecto? Eso es imposible.

Pareciera que la perfección es tan difícil de alcanzar pues o somos perfectos o no lo somos. Pero como lo han señalado los estudiosos de la Biblia, la palabra griega que se traduce como “perfecto” en Mateo 5, 48 tiene un significado más dinámico. Se refiere a algo en lo que siempre estás creciendo, un proceso de convertirse en una persona completa y plena. Desde esta perspectiva, podemos imaginar a Jesús diciendo: “¡No te detengas! Sigue trabajando, y haciendo tu mejor esfuerzo, para convertirte en la persona que yo quiero que seas. ¡No te conformes con algo inferior a la santidad que proviene de la plenitud!” Puede parecer irónico, pero es verdad: entre más te conviertas en esa persona única que Dios quiere que seas, más te parecerás a Jesús, Aquel que es perfecto.

Te preguntarás, ¿cómo puedes hacer para crecer en esta perfección? Los programas de autoayuda no producen el cambio apropiado, tampoco lo producirá la acumulación de actos de autonegación y de ejercicios espirituales por sí solos. Más bien surge al trabajar utilizando tus talentos y dones de una forma que glorifique al Señor y ayude a la gente que te rodea. Viene cuando te concentras en uno o dos obstáculos en tu vida y le pides a Jesús la gracia para poder resolverlos: un resentimiento albergado por mucho tiempo, un hábito que no es sano o una manera distorsionada de pensar sobre la vida.

Hoy, pregúntale a Jesús cómo quiere él que tú crezcas en la perfección que ha reservado para ti. Permite que la luz de su amor brille en tu corazón y que te muestre la persona que deberías ser y la que eres en este momento. Luego piensa en una o dos cosas que puedes hacer para cerrar la brecha entre estas dos visiones.

San John Henry Newman una vez dijo: “Vivir es cambiar y, ser perfecto es cambiar a menudo.” ¡Que al procurar escuchar y seguir al Señor Jesús, puedas cambiar, día tras día!

“Señor Jesús, aunque a veces parece increíble, ¡confío en que me estás guiando a la plenitud y la santidad!”

Monday, June 14, 2021

Ser integro

 

Evangelio

Mt 5, 38-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente; pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda”


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Meditacion:

Jesús está hablando sobre la tentación a tomar represalias, a devolver mal por mal voluntariamente. Es una mentalidad que, lamentablemente, todavía vemos en acción hoy en día. Un familiar hace un comentario hiriente, y la parte ofendida toma represalias respondiendo con un mensaje de texto o un correo electrónico grosero. En mayor escala, un acto de violencia que una nación comete contra otra puede escalar rápidamente y convertirse en una guerra.

Ciertamente buscar venganza resulta tentador, sin embargo Jesús nos llama a dejar ir ese deseo así como el enojo que generalmente lo provoca. ¿Por qué? Porque él sabe que el mal jamás puede conquistar al mal. También sabe que devolver golpe por golpe no va a sanar nuestras heridas.

Jesús no solo nos dijo que no ofreciéramos resistencia al que es malo; sino que también nos lo demostró a lo largo de su vida. A pesar de que tenía todo el derecho de responder a las falsas acusaciones y condenación, no atacó a las personas que lo perseguían y trataban de matarlo.

Sabemos que pagar con ojo por ojo es propio de la naturaleza humana. Esta es la razón por la cual necesitamos la ayuda de Jesús para resistir la tentación de tomar venganza. Solamente si caminamos cerca del Señor y recordamos su ejemplo seremos capaces de tomar el camino correcto: soportar, poner la otra mejilla y perdonar.

La próxima vez que te sientas tentado a tomar represalias con un comentario brusco, pídele al Señor que te dé la fuerza para guardar silencio. Cuando un compañero de trabajo te hable con un tono grosero, procura perdonar y no guardar resentimientos. Si tienes un conflicto o herida en tu vida desde hace mucho tiempo, reza para discernir si esto es enojo o un deseo de venganza que se anidó en tu corazón. ¿Ya perdonaste a la persona que te hizo daño?

Tomar el camino correcto no es sencillo, y generalmente no sucede automáticamente, pero con la ayuda del Señor Jesús, verdaderamente podemos conquistar el mal con el bien.

“Amado Jesús, te pido que me ayudes a renunciar a cualquier deseo de venganza.”

Saturday, June 12, 2021

Corazon de Madre

 

Evangelio

Lk 2, 41-51

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.

Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia”. Él les respondió: “¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?” Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.


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Meditacion:

¿Sabías que Jesús hizo más de trescientas preguntas en los evangelios? En cambio, solo respondió directamente algunas cuantas. Eso es debido a que sus preguntas a menudo eran la respuesta. Guiaban a las personas a dar una respuesta libre al amor de Dios. En lugar de dar respuestas sencillas y directas, motivaba a la gente a buscar en su corazón, examinar sus actitudes y profundizar sus relación con Dios y los demás.

Jesús incluso cuestionó a su madre, María, cuando ella y José lo encontraron en el templo después de tres días de búsqueda: “¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?” (Lucas 2, 49).

Superficialmente, podría parecer como si Jesús estuviera siendo en cierta medida irrespetuoso con ella y con José. ¿Cuántos de nosotros daríamos una reprimenda a nuestros hijos si nos trataran de esa forma? Pero María respondió distinto. Primero, al igual que los doctores en el templo, se quedó “admirada” por la pregunta de Jesús (Lucas 2, 47. 48). Pero fue más allá de su sorpresa inicial y asumió una actitud más de oración: ella “conservaba en su corazón todas aquellas cosas” (2, 50).

Esta es probablemente una de las ilustraciones más claras del inmaculado corazón de María. Ella confiaba en que Jesús tuvo las mejores intenciones al quedarse en el templo. No guardó rencor contra él por haberlos hecho pasar a ella y a José por esa angustiante búsqueda. Tampoco actuó a la defensiva o asumió que Jesús le estaba faltando el respeto con su pregunta, ni sintió la necesidad de poner a Jesús en su lugar. María se limitó a presentar sus preocupaciones a Dios en oración y a pedirle que le ayudara a entender.

Al igual que María, es posible que no entiendas todo lo que Dios parece decir o hacer en tu vida. Pero si meditas y rezas, el Espíritu Santo te ayudará. Es más, puedes pedirle a María que interceda por ti. Ella es el modelo perfecto de alguien que aceptó las palabras de Jesús con un corazón puro y confiado, y te puede ayudar a ti a hacer lo mismo.

“Santa María, ruega por mí para que mi corazón sea tan puro como el tuyo.”

Friday, June 11, 2021

Sagrado Corazon

 

Evangelio

Jn 19, 31-37

Como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, los judíos pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz.

Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con Jesús. Pero al llegar a él, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua.

El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: No le quebrarán ningún hueso; y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.


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Meditacion:

Jesús ha acercado el amor incondicional de Dios, y nos ha hecho accesible, por medio de su corazón de carne, el corazón de Dios. No es un Dios lejano y terrible, ante el que debamos sentirnos temerosos e indignos, sino un Dios Padre que se preocupa por nosotros, y que suscita en nosotros confianza y amor. Esto es lo que podemos experimentar al acercarnos a Jesús con un espíritu sencillo: la revelación de una sabiduría que no es cuestión de erudición, sino la sabiduría del amor. El amor, es verdad, es exigente y a veces nos pesa: “amor meus pondus meum” (mi amor es mi peso), decía San Agustín. Pero es, también, lo que da sentido y orientación a nuestra vida. Por eso añadía: “eo feror, quocumque feror” (por él soy llevado adondequiera que me lleven), porque el ser humano tiende al objeto de su amor, por más que esfuerzos que le exija. Por eso dice Jesús que su yugo es llevadero y su carga es ligera. Y tanto más si consideramos que el peso del amor verdadero lo ha tomado Jesús sobre sí mismo al dar su vida por nosotros.

La sabiduría del amor que Jesús ha revelado es exigente, cierto, pero sobre todo nos da confianza, nos relaja, nos da alivio y respiro. En Cristo, en su corazón manso y humilde, encontramos el perfecto equilibrio entre la autoestima y la humildad: autoestima, porque somos amados sin condiciones, lo que significa que, en el fondo de nuestro ser, somos buenos y valiosos; pero también humildad, porque sabemos que no somos perfectos, que tenemos que reconocer con humildad nuestros límites, nuestros pecados. Pero esto último no es una humillación que nos destruye, sino la certeza de que podemos mejorar, de que hay en nosotros posibilidades no exploradas. Y nuestra gran posibilidad, si aprendemos de Jesús, es el amor: saber que cuando tratamos de amar, Dios mismo está obrando en nosotros y que Él permanece con nosotros.

Generacion

Evangelio Lucas 7, 31-35 En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se p...